Diario de León

StephenWheeler

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No es posible tener fe en lo que es cierto. La fe solo alude a lo incierto, a lo que es inseguro, posible pero no evidente. Cuando no se sabe, como escribió Alfredo Bryche Echenique, se opta. Y sólo el que ignora, vaticina. Ese es el trabajo de los videntes, los lectores de líneas de la mano y los opinadores. No hay demasiada diferencia, pero la que hay es fundamental: las cartas con que predice la opinión suelen ser como mínimo indicios que la experiencia conoce porque los ha visto ya antes muchas veces. Cuando no, informaciones que aún no son públicas, runrunes corroborados por varias fuentes, aunque todavía no publicables. Lo decía Erasmo de Rotterdam en su Adagio, recogiendo un proverbio de la Antigüedad: «El zorro tiene muchos ardides, y el erizo sólo uno, pero es el mejor de todos». El columnista raboteado no se traga gato por liebre y sus lectores lo agradecen otorgándole la confianza de seguir leyéndolo. Como ya está dicho, la experiencia le vale para evitar las celadas, eludir los lazos y las más de las veces conservar el pelaje intacto.

No es que nos hayamos vuelto alegóricos fabuladores de moralejas de repente. Simplemente, hay cosas de las que no se puede escribir a las claras, aunque nada impide al cronista montar un cuento. En este caso, sobre el molde la liebre y la tortuga, por todos conocido, aquella carrera entre la soberbia y la constancia que venció contra todo pronóstico la constancia porque la engreída liebre se echó a dormir la siesta. Una historia inmortal que lo es porque desde que se ideó no ha dejado de ser reflejo de situaciones protagonizadas por seres que han tropezado dos veces en la misma piedra.

Si a la soberbia liebre y a la persistente tortuga usted le pone el nombre, por ejemplo, de ese par de políticos del mismo partido que llevan años embistiéndose mutuamente, ahora que ya se huele el husmo de las municipales en cada esquina, es probable que no yerre en la interpretación de lo que se malicia que puede ocurrir. No es tanto vaticinio como lo que cuentan sovoz en los corrillos los militantes desencantados de tanto encontronazo. ¿Y qué es lo que se murmura? Que la tortuga es de cristal y la liebre de piedra.

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