Diario de León
Yolanda Díaz e Irene Montero en una imagen de archivo.

Yolanda Díaz e Irene Montero en una imagen de archivo.EMILIO NARANJO

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Se entiende mal, o no se entiende, que personas que no se caen bien porfíen todo el rato en juntarse. Algo de esto ocurre en el culebrón de la "izquierda a la izquierda del PSOE" en su desmayado intento de coaligación electoral, donde las personas que dirigen los diferentes partidos concernidos, que no sus seguidores o potenciales votantes, diríase que no pueden ni verse. En esa estéril pugna de egos camuflados tras respetables ideologías que se parecen como un huevo a otro huevo, sobresale la inquina entre Sumar y Podemos. Éste último, que básicamente consiste en Irene Montero e Ione Belarra con Pablo Iglesias al fondo, nunca perdonó a aquél, liderado por una Yolanda Díaz algo tránsfuga, que les mangara su sitio en el Gobierno, que es como si le hubieran quitado su lugar en el mundo luego de haber probado las mieles del poder.

Ahora bien; pese a ello y las ambiciones mal disimuladas de unos y otros, Colau, Delgado, Maíllo, Mónica García, quien ha acabado con la quimera de su llamado Frente Amplio es precisamente el que más se distinguió en sus exhortos a la unidad, Gabriel Rufián, un político bien valorado pero supongo que no por su coherencia. Rufián, que ha venido brujuleando entre Pinto y Valdemoro, entre la política catalana y la nacional, pero presentándose en todo caso como el único poseedor de la fórmula magistral de la unidad, ha dado, al cabo, con la fórmula perfecta para terminar de hacerla trizas. ¿Cómo? Muy sencillo: conchabándose de una manera algo loca, pero muy beneficiosa para su partido, ERC, con uno de los actores del espacio izda. a la izda. más disolvente, Irene Montero, con la que ya se le veía tontear políticamente en los últimos tiempos.

Que es una pena que los dirigentes de esas izquierdas malbaraten lo que sus ofertas políticas pueden contener de benéfico y de necesario en los tiempos que corren, es evidente, como también lo es, por desgracia, su irremediable tendencia al cainismo y la escisión. El aventurerismo político de Rufián, que con su emparejamiento con Podemos ha asestado un duro golpe a la utopía unitaria, no determina, sin embargo, su defunción. Se trata, aunque acuerden alguna ligazón a última hora, de personas, esos dirigentes, que no se caen bien.

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