Diario de León
Varios grupos de ciudadanos ya aguardan a las puertas del Ayuntamiento de Ceuta la llegada de los reyes.

Varios grupos de ciudadanos ya aguardan a las puertas del Ayuntamiento de Ceuta la llegada de los reyes.EFE

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Cuando su discurso queda desnudo y no saben decirte cómo será mañana tu futuro, reaniman un ayer de siglos muertos o un anteayer que te confunda o excite orgullos y fantasías viendo que andas doblado de ánimo o por rastrojo bancario. Cuando la realidad tumba o pudre sus programas políticos e ideologías, siempre buscan refugiarse en la nación —di tú nacionalismo— y en banderas flameantes para vestirse de necesarios birlándote el voto dolido. Cuando el político tuerto y su corte de ciegos listos pintan la patria con un pasado de reyes, se creen emperadores. Cuando la realidad es de pueblo o aldea, en villa señorial la tornan. Cuando el pasado no les sea suficientemente grandioso, se lo encargan a cronistas que sólo mojan su pluma en purpurinas y abusan de las mayúsculas miniadas. Cuando no hay clarines, te sacan sonajas y gaitas. Cuando no son reyes urracos, son tradiciones tordas. Cuando tú ya vienes, ellos van; y lo que tú dejas atrás a ello vuelven; salúdales cuando te cruces con ellos, aunque no es probable que te devuelvan la cortesía, van veloces y con anteojeras, necesitan imperiosamente reinventar el pasado para clavarse con puntas a su rentable presente sin ver más porvenir merecido. Cuando se les acaba la canción de cuna con la que intentan dormirte bajando angelitos, vuelven al grito y al insulto, a la grada y a las redes de la mentira linda. Cuando tú no logras dormir, ellos sueñan con unicornios y despiertan con cuentas de lechera. No les preguntes por qué tiene que depender tu orgullo de las glorias de sus reyes lejanos que hoy suben en mármol a pedestales de los que les bajarían a hostias los súbditos que les padecieron. No les digas que tradiciones ajenas totalmente a la vida de la gente ya no pueden ser más que mascarada, teatrillo callejero y disfraz para empeñados en simular a lo bobo una identidad tatarabuela, identidad que jamás podrá estar en un pasado difunto o costumbres vencidas, sino en el concordar juntos un futuro, una tierra y un plan en el que quepa el interés de todos. Esa es la única identidad que te cabe para seguir vivo y no acabar en llorón de nostalgias y melancolía perpetua. Créelo.

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