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A quienes no tenían apenas nada en algunas zonas de los Oteros antaño les daban el cuerno. En esos pueblos, desde los que se pueden ver las olas del mar cuando encañan las mieses y se levanta ese vientín de última hora de la tarde al que llaman amargacena, los más pobres se agarraban al sustento que otorgaba el asta hueca de la vaca o el buey con la que se llamaba al ganado a la vecera. Cuando escuchaban el toque grave y ahogado como la sirena de un barco al llegar a puerto, se abrían las cuadras, las reses salían dóciles y el rebaño reunido atendía al dictado de la aguijada del pastor al que luego daban una recompensa el resto de los vecinos por su labor. Ese no tenía más que el cuerno, explican todavía los mayores cuando quieren hacer memoria de alguno de los paisanos que sufrieron más necesidad en esas épocas remotas del blanco y negro, en las que los subsidios pendían de la atención de la comunidad y se socializaba la miseria. Hoy, no se les identifica a muchos de ellos. Ahora, pasan desapercibidos, como acaba de desvelar el informe sobre el estado de la pobreza: un trabajo en el que se lee que aquí la tasa se eleva ya hasta frisar el 20% de la población, que la mitad cuadra dentro de la etiqueta de «severa», que un 15% de ellos tiene trabajo pero no le llega, que uno de cada cuatro restantes se halla en riesgo de cruzar el umbral...

Los indicadores del informe elaborado por la Red Europea de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social, basado en datos del INE, encienden la entrada de este otoño de León que mete las manos en la chaqueta a primera hora de la mañana y no las saca al atardecer, con el invierno a la vuelta de San Martín y el precio desbocado de los combustibles pendiente de cuántas horas se puede encender la calefacción en esas casas. La radiografía del informe de la pobreza desnuda una realidad que se camufla a diario, vestida con los discursos vacíos de una política interesada en sí misma, trilera y tramposa, que juega con las cifras para hacer que cuadren con su discurso, que se conforma con presumir de las partidas de subsidio, pero no define estrategias de manera estructural, como han advertido los redactores del documento. En este tiempo, los pobres no tocan a vecera. No hay cuerno para tantos.