Diario de León
Una persona entre la multitud.

Una persona entre la multitud.Vilkasss

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Que vivimos en una intolerancia estructural parece de absoluta evidencia. Me lo vino a confirmar recientemente un tipo que hablaba en un programa matinal de la cadena/emisora de radio con más audiencia entre nosotros. Decía, con profunda soberbia y chulería, que hostiaría a los que van por la vida de profundos. Fue una de las lindezas menores que echó la boquita radiofónica, además de asegurar, con soberbia rotundidad, que el resto de los humanos, excepto él, naturalmente, son simplemente imbéciles. A no pocos nos queda el consuelo de formar parte de esta mayoría silenciosa. Y es que, con don Miguel de Unamuno, uno piensa que «la vida verdadera es la que no hace ruido. Buscad lo que es eterno en lo que no se ve».

Esto invita a la reflexión del permanente escaparate en el que algunos pretenden vivir. Ya se sabe cómo llaman la atención las imágenes fijas de inauguraciones, dobles o triples o por tramos interminables, con posados políticos llenos de egos, poco naturales, generalmente por un protagonismo que quiere ponerse en evidencia. Y es que, ay, pierden la cabeza, el culo y el alma. No sé qué tal se vivirá después de la pérdida del alma, pero se cree que es algo serio cuya presencia parece fortalecer la condición humana. Algo más deberían saber sobre el asunto asociaciones, cofradías, instituciones… que entregan, foto protagonista y testimonial para el aplauso redentor incluida, algunos donativos para necesitados en sus múltiples formas. ¿Dónde está la metáfora bíblica y evangélica (Mateo, 6-3) de «que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha?».

Pareciera que las envidias se abonan en todos los jardines. Y, curiosamente, en los jardines de la envidia no crece nada. Por eso no estaría de más recordar esto que Alba Quintas escribe en La cuarta vida de Blanca Cuervo: «Las victorias te vuelven feliz, las derrotas te hacen sabio. Lo primero es temporal y lo segundo no». Es difícil digerirlo, sobre todo porque vivimos en La sociedad de la desconfianza, libro que firma Victoria Camps, con cuyas palabras se cierran hoy estas hojas: «La raíz de la desconfianza está en un individualismo basado en una concepción distorsionada del valor de la libertad y en el abandono de la lucha por la igualdad. La desconfianza es hoy una forma de respirar. Desconfiamos de los gobiernos, de los otros, de los discursos, de las promesas…».

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