Diario de León

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Cree no poca opinión libre en la tribuna que brindan las redes que ese joven sargento que navajeó a dos muchachos broncos que acosaban a unas chicas no puede ni debe ser condenado con la severidad que le reserva la ley y que truncará en gran medida su carrera, si no su vida, pues los cargos que ya pesan sobre él son dos intentos de homicidio. Atenuantes le cabrán, sin duda, pero le pintarán la cara. Y sin embargo, se entiende la simpatía que despierta en la conciencia justiciera que a todos nos duerme en lo secreto o inconfesable y que le está absolviendo, si es que no honrándole o imponiéndole escarapela de héroe paladín del honor e integridad de la mujer indefensa.

Son frecuentes ya esos episodios en estas noches nuestras de Barrio Mojado en mamadura y matonismo. La provinciana ciudad de León, como todas, ya no es tan tranquila. Abunda la mala noticia. A veces son machetes trinitarios que rebrillan a la luz de la luna de los pecados en noches de perfidia y fiebre envenenada despertando al ciego de principios, al matón, al chulo, al rabiado porque además acaba el día con orquitis y más salido que un balcón viendo escaparate callejero donde «muchas chicas provocan vestidas como van», dice ese porcentaje de jóvenes que se confiesan combatientes antifeministas en toda encuesta o estudio. A por ellas, oé...

Dicen que son tiempos de crispación y chulería estos que nos asaltan hasta el dormir, que anda muy encabronada la gente en medio mundo y el otro medio en derrota, que en la escuela del político aprendemos a insultar haciendo venial la mentira injuriosa y la infamia corrosiva, que el catecismo del matonismo se aprende ya en el patio de los colegios... y que un sindiós nos escribe las leyes de la incivilidad y del todo vale por la gloria de mi madre y me cago en el puto sistema. Y como el mundo anda constipado de ira, París estornuda y contagia el salvajismo del canalla delincuente que se infiltra en el grito legítimo y revienta escaparates para pillar su peaje. La serenidad se ha exiliado y aquí nos vemos a estacazos con el adversario, con el vecino, con el macarra asaltaniñas...

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