FUERA DE JUEGO
‘Desesperaos’

ALIPIO RODRÍGUEZ OMAÑA (3I) ACOMPAÑADO DE SU FAMILIA DURANTE UNA DE SUS VISITAS EN LOS AÑOS SESENTA
Ha transcurrido casi un siglo y medio desde que empezó la fuga de personas de esta tierra. Los estudios sitúan 1890 la irrupción en Cacabelos de la terrible filoxera que arruinó los viñedos y fomentó una emigración masiva hacia sudamérica. Después, llegaron distintas oleadas a diferentes destinos. Todo con un afán que nada resume mejor que El Camino de Miguel Delibes, que trazó allá por 1950 sobre la palabra «progresar» una historia de búsqueda de una vida mejor.
Las sociedades humanas arrancaron hace millones de años de una convivencia en grupos más o menos organizados que eran nómadas, que perseguían sobrevivir. Pero la historia nunca ha sido lineal y, sucesivamente, han llegado momentos terribles, marcados por la desesperanza, cuando daba la sensación de que las cosas nunca irían a mejor. Los vendedores de bálsamos encuentran en cada fase de encrucijada el terreno abonado para enredar. Pertrechados en ambos extremos de la barra —en otros tiempos ni se les miraría por mera vergüenza ajena— ahora se les da bola para proponer cócteles. Obviando las consecuencias dramáticas que dejan estos totalitarios en todo tipo de circunstancias.
Hace pocos días, en una singular y curiosa convivencia en un banco callejero, escuchaba a unos chilenos explicar que al final todo se resume en ese progreso, en esa sensación de que las cosas van o irán mejor, y eso permite incluso que la gente dé por buenos tiempos —con más o menos osadía verbal— marcados por ausencias de libertades y derechos, un caso en el que equipararon lo vivido en su país y en España.
El problema de este siglo XXI quizá sea trasversal y genera una seria amenaza de futuro. Las nuevas generaciones tienen la sensación de que su vida será peor que la de sus predecesores. Esa semilla de desesperación, abonada de manera claramente intencionada, envenena la sociedad y abre las puertas a dudar del sistema. El problema es mezclar churras y merinas. No falla la Democracia. El conflicto reside en su mal uso, en esta hipertrofia de un Estado de Bienestar que paga a diestro y siniestro todo tipo de prebendas, que incluso desincentivan la opción de trabajar a costa de sablear a los ciudadanos a impuestos para pagar esa verbena. Europa, y especialmente España, sufre una pandemia de «chavismos», «castrismos» y demás populismos que acaban literalmente con la clase media. El pilar clave de la sociedad, que ha ido mermando en estos tiempos tras ser el impulso de las últimas décadas. Así, acaban los jóvenes sin esperanza... desamparados y desesperaos.