Grupo de asistentes a la manifestación de estudiantes y de colectivos 'antifascistas' este lunes por el centro de Bilbao "contra el fascismo" y en protesta por el acto anunciado por el agitador y activista político Vito Quiles. EFE/Luis Tejido.

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Incendiar las calles es demasiado fácil. Con las nuevas tecnologías incluso es posible que se pueda desencadenar un operativo más o menos teledirigido desde la distancia. Lo vivido en las últimas semanas en numerosos lugares de Europa, y también de España, es realmente preocupante. Por lo que se conoce, no existió coincidencia ni el origen, ni en las motivaciones, ni tampoco fueron equiparables las respuestas de los diferentes cuerpos policiales. Pero, como suele ocurrir en los momentos de crisis, es demasiado sencillo prender la mecha para que salgan a las calles personajes de todo tipo que se hacen fuertes para exhibir su violencia cuando llegan estas oportunidades. En España, la radicalidad en las calles suele limitarse en muchos momentos a grupúsculos del fútbol. Lo preocupante es que, en los últimos tiempos, quizás siguiendo lo ocurrido el sábado día 17 en Francia, se ha alentado a los habituales amigos de la algarada a intentar generar disturbios. Incluso se ha comprobado una presencia notable de menores de edad en lugares como Barcelona o incluso personas del entorno de ETA en el caso del País Vasco. Existe un temor fundado sobre qué ocurrirá en unos días, cuando llegue la polémica huelga general convocada por tres sindicatos (UGT, CC OO y CGT) al calor de las quejas por la terrible situación que existe sobre la vivienda en España. Y parece que se pondrá a prueba esa conflictividad en las calles durante este puente festivo. En León están las alarmas en marcha. Cabe pedir cooperación a la ciudadanía, y a los cuerpos de seguridad que les protejan sin ningún titubeo.