lunes 27/9/21

Renovables y despoblación

La de las energías renovables se ha convertido en los últimos tiempos en una polémica que no cesa, algo que parecería paradójico hace algunos años, cuando este tipo de energías aparecían como la alternativa perfecta a las energías fósiles por su limpieza y aparente infinitud.

Sin embargo, con la prevista implantación de grandes parques de estas renovables (eólica, fotovoltaica) por parte de compañías eléctricas que tratan de aprovechar los incentivos que ofrecen las administraciones públicas, han surgido voces para la discordia. Se ha argüido su impacto ambiental y paisajístico, y se ha acusado a las compañías eléctricas de mero interés financiero y especulativo: espectaculares infraestructuras quedarían al albur de los vientos del mercado de la energía, y un giro de este en favor de otros modelos dejaría llenos de chatarra nuestras montañas y valles. Algo que para muchos solamente es un mal menor, pues las energías fósiles se acaban y esta es la mejor alternativa posible.

Así sería si contemplamos como única opción el relato de progreso que se ha asentado desde el nacimiento de la revolución industrial. Como nos recuerda el científico Antonio Turiel, el modelo productivo asentado en las energías fósiles se basa en el transporte de estas desde sus yacimientos a los grandes centros industriales por una sencilla cuestión de economía de escala. Sin embargo, las energías renovables, aunque son muy abundantes, están por todas partes, son difusas, y en su concentración y transporte a esos centros productivos se pierden grandes cantidades, por lo que es necesario aumentar la captación con grandes infraestructuras y una dependencia en exceso de la electricidad (cuando esta no es la única energía necesaria y ya hay problemas para convertirla en otros tipos).

La alternativa que propone Turiel quizás no está tan alejada de lo que fue el modelo industrial tradicional. Las energías naturales ya se aprovecharon en otros tiempos en lugares mucho más cercanos al lugar de sus fuentes. Sin ir más lejos, tenemos en el Bierzo una red de ferrerías que en su momento aprovechó la energía del agua en movimiento, están los molinos y también están las fábricas de luz. Un modelo productivo basado en exactamente lo contrario al que surge desde la revolución industrial: la de la pequeña industria deslocalizada, la que asentaba economía y población.

Por eso resulta paradójico que tanto se hable de despoblación cuando seguimos asentados en un relato basado en modelos productivos que empiezan a peligrar. Quizás fijarnos en otros modelos que nos quedan más cerca, que han sido tradicionales en nuestro entorno, pueda ayudarnos a encarar mejor el futuro.

Y no, no se trata de volver atrás. Se trata de echar ese vistazo necesario al retrovisor para continuar la marcha con seguridad hacia delante.

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