Diario de León

Alfonso García

Los laberintos de la lengua

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La lengua, la nuestra en concreto, es una poderosa seña de identidad colectiva, notable en el concierto de la comunicación internacional con una comunidad de hablantes repartidos a lo ancho de los cinco continentes. Sin embargo, la política de promoción de la lengua no ha estado, hasta el momento, ni en España ni en el resto de los países hispanohablantes, a la altura del potencial y el valor que esa lengua común aporta. Es una de las muchas y muy interesantes reflexiones de J. A. Alonso, Juan Carlos Jiménez y José García Delgado en el libro Los futuros del español. Horizontes de una lengua internacional. Urge arbitrar tanto políticas de Estado (dentro de nuestro país) como en coordinación con los países pertenecientes a la comunidad hispana que consideran nuestro idioma como un bien colectivo superior. El concepto de Hispanidad, añado, no puede limitarse en su día grande solo a una sobreexposición militar y monárquica.

Anoto una selección de algunas propuestas contenidas en el libro: No será la demografía, sino las políticas las que podrán consolidar en el futuro la posición privilegiada que el español tiene como segunda lengua internacional. Su futuro en EE. UU., por ejemplo, depende de que se supere su condición de lengua migratoria y pase a valorarse como soporte de la producción cultural y de la actividad económica. Para ser eficaz debe ser construida en diálogo con todos los países de la comunidad hispana. Por eso su promoción ha de ser objeto de una política de Estado, con importantes beneficios para el conjunto de la sociedad. Teniendo muy en cuenta, claro, que el atractivo de un idioma descansa, cada vez más, en la calidad, originalidad y mérito de aquello que se crea y produce en esta lengua, más que el número de sus hablantes. La política de promoción del español, por otra parte y si quiere ser sostenible, debe estar acompañada de otra dirigida a apoyar la vitalidad de las lenguas minoritarias con las que convive. Consolidar la enseñanza de nuestra lengua común como lengua extranjera requiere una oferta amplia de profesores preparados, recursos económicos, proyección sólida y coordinada y una diplomacia educativa y cultural activa. En fin, que la promoción de un idioma —incluida la penetración en el mundo digital— exige una política de amplio espectro, socialmente consensuada, con capacidad para fijar horizontes más allá del ciclo político e impulsada por actores pacientes.

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