lunes 20/9/21

El lamento

Hay una querencia extendida entre los aspirantes a estadista a citar el latiguillo con el que Kennedy inauguró su presidencia en enero de 1961. Los discursos del opositor a político de referencia con mando en plaza suelen buscar vuelo en la frase con la que JKF exhortó a sus compatriotas a preguntarse no qué podía hacer su país por ellos, sino qué podían hacer ellos por su país. Da igual que lo más parecido a la Casa Blanca que haya pisado se encuentre en el rellano de La Moncloa, en el mausoleo de las Cortes autonómicas, en la galería de los pasos perdidos del Palacio de los Guzmanes o en las reminiscencias del teatro que alumbró al consistorio de San Marcelo, siempre se da el momento en el que el prócer tira del eslogan resobado hasta ilustrar las tazas de Mr. Wonderfull para intentar justificar la falta de resultados en la gestión o la cura preventiva ante el vacío que se avecina. No falla. Sin falta surge la voz que, ante la reiteración en el incumplimiento de las promesas, la postergación de las inversiones necesarias o la burla mantenida en el tiempo llama a levas a los ciudadanos, mientras se hace a un lado a esperar que venga Marilyn y le cante el cumpleaños feliz. Ya saben, pónganse a hacer cosas por León porque no lo van a hacer ellos.

A la tentación sucumben con reincidencia los que acostumbran a decorar sus manifestaciones públicas con una defensa al contraataque. Pese a que  abarcan la posible solución a los problemas que sufre la provincia e, incluso, son responsables de los mismos, los homeópatas del poder acuñan nuevos conceptos para argumentar la ruina como una suerte de virus que proviene de los vicios de la sociedad que la sufre. No importa que los indicadores económicos muestren con tozudez la situación a la cola, ni que el padrón se empeñe en censar cada año a miles de vecinos al sur de Izagre, ni que las decisiones de la Junta y el Gobierno dejen a la provincia para los saldos de inversión dedicados a los parques temáticos de la etnografía, ni que se favorezcan las condiciones para la rapiña a campo libre de los especuladores de los molinos eólicos y los huertos solares. La culpa descansa en el lamento porque no paramos de quejarnos y no hacemos nada: ahí nace el cáncer. No. Aquí, como le replicó Orson Welles a JFK, los leoneses no preguntamos qué podemos hacer por León. Preguntamos qué hay para cenar.

El lamento
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