Diario de León

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De todos los mantras que se hicieron correr con garantía homeopática, prescritos por los gurús de la publicidad institucional para que no advirtiéramos que por la puerta de atrás de los hospitales y las residencias de ancianos salían en fila india los coches fúnebres, la peor vejez se ceba con el que vendía la pandemia como una expiación para salir mejores. Durante semanas, ajenos al humo que marcaba el ritmo implacable del crematorio del cementerio de León desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche, los encargados de atizar el laboratorio sociológico promocionaron la frase acaballada sobre un arcoíris para narcotizar a los espectadores que se refugiaban tras las ventanas. El mensaje hizo fortuna en una audiencia asustada que empezó a cultivar las píldoras de Mr. Wonderfull como prozac con el que olvidarse de lo que sucedía fuera.

El escenario se abonó durante semanas. Excitadas por el efecto placebo, se alumbraron teorías que vislumbraban el final del deshielo de los polos, el florecimiento de la solidaridad territorial y hasta la solución a la despoblación. Iban a volver en manadas, sin necesidad de que fuera verano o hubiera oportunidad de meter mano en la matanza, todos los que se habían ido, ahora que podían comprobar que el teletrabajo les permitía colocar el despacho bajo los palos de la hornera. Se hacía hueco ya para los ingenieros, los operarios y los emprendedores que disfrutarían de la conciliación laboral al rebufo de la naturaleza. Ya pensábamos incluso en desconvocar la Mesa por León porque no daríamos abasto y no haría falta que se reunieran con cargo al erial público como antes. Silicon Valley se nos quedaba pequeño. Hasta que llegó el INE esta semana para proyectar que perderemos otros 60.000 habitantes en los próximos 15 años, la segunda provincia con mayor caída de España: una proyección, apoyada en las huellas de evolución demográfica, que exhibe sin disfraz los resultados de las políticas que el Gobierno y la Junta han promovido durante las tres últimas décadas para concentrar el poder en los núcleos que les interesan y convertir al resto en espacios manejables. Ahí reside la clave de un sistema que no va a cambiar aunque venga una plaga bíblica.

Se equivocaron por un arrebato de dislexia. Se les escapó mejores, pero no. Querían decir que íbamos a salir menos. Y los que les quedan en León por restar.

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