Diario de León

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Al presidente de la Diputación, Eduardo Morán, le regalaron un gancho en La Cueta para que pastoree la trashumancia a buen puerto. Lo tiene fácil, en León cuenta con los mejores pastos de altura. Sólo tiene que echarse al monte y rodearse buenos y buenas rabadanes, compañeros, ayudadores, zagales o motriles. Con el imprescidible trabajo de los mastines contra el lobo y de los careas para encarrilar los hatajos.

La trashumancia es una actividad milenaria que enriqueció al reino de León y más aún a Castilla. Hoy se presenta como un modelo de sostenibilidad para alimentar el ganado con los recursos estacionales de puertos como los de León y dehesas como las de Extremadura, o las riberas y páramos de León. El movimiento estacional de rebaños preserva ecosistemas que son Reservas de la Biosfera en parte gracias al diente de la oveja y disminuye el riesgo de incendios. En la lana de las ovejas, como en sus heces, va prendido el secreto de la biodiversidad en forma de semillas. El sonido de las cencerras guardan el eco de una cultura ancestral.

¿Por qué las instituciones no se plantean seriamente la aportación que la trashumancia puede hacer a esta era de cambio climático y economía circular?

Todo en la oveja es riqueza. Es hora de que la trashumancia deje de ser reducida a folclore de un día de fiesta, para que la clase política tome en serio el protagonismo de los rebaños de ovejas trashumantes o trasterminantes en la resistencia frente al cambio climático y la regeneración del tejido económico de la provincia.

No deja de ser curioso que el empuje hacia la recuperación de la trashumancia venga, desde el sur, de la mano de la Fundación Monte Mediterráneo, al frente del grupo operativo Ovinnova, la Asociación MaratonDog o la cooperativa EAGrup. Hace siglos fueran las gentes leonesas las que repoblaron el sur en aquel proceso que bizarramente llamamos reconquista. La alemana Ernestine Lüdeke y el malagueño Manuel Calvo son impulsores de sueños como la captación de rebaños extremeños para pastar en los puertos leoneses, en franca decadencia, y acercar a niños y niñas que han afrontado enfermedades graves la realidad de la trashumancia.

No deja de ser curioso que el empuje hace la trashumancia venga del sur, como un viaje de vuelta de la época de la repoblación

Sabido es ya que el turismo no es ni será la gallina de los huevos de oro. Hay que cooperar por la riqueza en lugar de competir por la miseria. Lo llaman economía circular. Un ciclo en el que todos ganan, aunque no se enriquezcan como las eléctricas con el robo diario en que se ha convertido el precio de la luz. Es tiempo de que León presuma del blanco y carde la lana, con la lana de las merinas. Es hora de que León reconquiste sus viejas montañas, dolidas por dentro de tanto parir carbón. Es hora de que Félix García, Aqueda Carea, cumpla el sueño de ver pasar por León a las merinas en su retorno a las riberas y páramos.

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