miércoles 21/10/20

El negocio de la despoblación

El otoño pasado conocí a Milagros, la última habiante de Villar de Omaña. Una resistente irreductible de ese mundo rural finiquitado del que sólo alcanzamos a palpar recuerdos medio a ciegas. Milagros vivió con resignación, pero con rabia , uno de los acontecimientos que han marcado el fin de los pueblos. «Cerraronnós la escuela... Había no sé cuántos críos y nos cerraron la escuela», decía la mujer a sus 89 años.

—¿Por qué cerraron la escuela si había niños?, le pregunté.

—Porque les dio la gana. Eso sí que fue una ignominia, respondió Milagros.

Con el dinero que sacaron de una vaca compraron un Land Rover para ir a ver a buscar a los críos. Los chicos en Villafranca del Bierzo y las chicas en Hospital de Órbigo en internados. A los vecinos de esta comarca les aconsejaron que compraran vacas suizas porque daban más leche que las autóctonas. Así se extinguieron también las mantequeras leonesas, que hoy intenta recuperar un ganadero en Palacios del Sil.

Los macroproyectos de parques eólicos y solares para la provincia son fuente de desarrollo o solo una parte de la tarta del negocio de la despoblación?

Todos se lucraron del negocio de la despoblación. Los de los coches, los de las vacas suizas, los de los colegios privados... Después vino Europa y regó el campo con millones de euros que fueron a caer a las fábricas de tractores, los fabricantes de tuberías y las multinacionales de fitosanitarios y fertilizantes. Porque agricultores, agricultores, son pocos, cada vez menos, los que viven de verdad del campo.

La minería, después de siglo y medio horadando el vientre de las montañas y sacando su riqueza para alimentar centrales térmicas y el crecimiento de esa España que se dice rica y presume de trabajar más que nadie, se esfumó por el bien del planeta. Ahora soplan vientos que amenazan con llevarse en volandas los montes. A cambio de unas propinas a las juntas vecinales quieren instalar gigantescos parques eólicos en una cordillera que es toda ella Reserva de la Biosfera y en los viejos montes de León que unen Maragatería, Bierzo y Cabrera. Cuanta menos gente haya en los pueblos mejor les irá a los lobos del capital, se llamen Florentino o sean cuñados, testaferros o momios de Florentino.

La energía eólica está muy bien. Y la solar también. Las necesitamos. Pero, una vez más, los recursos de las tierras leonesas se quieren ordeñar para alimentar grandes empresas que no saben ni dónde queda la provincia. La regeneración económica de la provincia no se puede fiar a macroproyectos que no generen empleo directo, supongan un nuevo sacrificio para los recursos naturales y se monten ajenos a las políticas de repoblación que es lo que realmente hay que invertir para que la provincia siga viva. Sin medicina de calidad, sin internet, ni cobertura móvil, sin escuelas... la gente seguirá marchando y nos quitarán hasta los lobos.

El negocio de la despoblación
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