Razones contra Sama-Velilla
La construcción y explotación de la línea de muy alta tensión que pretenden tender entre las localidades de Sama Asturias y Velilla del Río Carrión Palencia, a través de la montaña leonesa, produciría una tremenda agresión a la naturaleza las personas también somos la naturaleza y a la salud de la población por la excesiva proximidad a núcleos habitados. Esa proximidad, que en algunos casos se sitúa en 300 metros, supondría un riesgo para la salud de las personas al estar sometidas en su vida diaria a la exposición de campos electromagnéticos. Los resultados de las investigaciones actuales sobre la incidencia de campos electromagnéticos de baja frecuencia en la salud, son poco concluyentes y, con mucha frecuencia, contradictorios. La preocupación de algunos organismos internacionales es patente y muchas de las recomendaciones establecen que los gobiernos han de tener en cuenta la sensibilidad del público antes de acometer este tipo de instalaciones. Los montes por los que volaría esta macro-línea están formados mayoritariamente por bosque de roble y, en el caso de la montaña oriental leonesa, conforman una de las mayores extensiones de robledal de la Comunidad. El trazado de la línea y la apertura de caminos de acceso provocará la tala de una buena parte de los robles centenarios existentes, dificultará la actuación de medios aéreos en la extinción de incendios, reducirá los aprovechamientos forestales, afectará al suministro de agua a la población por corte o contaminación de acuíferos, será altamente agresivo con la abundante fauna de la zona y producirá efectos muy negativos en la apicultura y en las explotaciones ganaderas existentes. Esta instalación produciría una considerable ación del ecosistema en toda la montaña leonesa y no aportaría ningún impacto positivo en la región, sino todo lo contrario, contribuiría al abandono definitivo de algunos pueblos y con ellos a la desaparición de una gran riqueza cultural y humana. El impacto negativo sería crítico en algunas zonas, comprometiendo seriamente las posibilidades de desarrollo económico y de turismo rural y ecológico, y anularía cualquier proyecto de futuro basado en los recursos naturales y en el valor paisajístico de esa franja de la montaña leonesa. En las proximidades del trazado previsto, existen zonas de alto valor arqueológico, en las que, de manera casual y a lo largo de los años, se han hallado vestigios arqueológicos. Estas zonas situadas en las cercanías de la gran línea eléctrica quedarían dañadas y, seguramente, alejaría posibles proyectos de investigación arqueológica, que, por otra parte, resultarían de tanto interés para reconstruir nuestra Historia. La línea eléctrica discurre, en algunas zonas, paralela al legendario ferrocarril de La Robla El Hullero por el que circula el tren turístico El Transcantábrico. Esta línea eléctrica introduciría un impacto desfavorable al ser altamente visible y alejaría futuras iniciativas turísticas basadas en el ferrocarril por la pérdida del valor paisajístico. Muchos expertos ponen de manifiesto la importancia que tiene la preservación del patrimonio constructivo tradicional como vínculo entre el pasado asociado a la cultura y forma de vida de nuestros antepasados, un presente y un futuro acorde y en armonía con el desarrollo sostenible. Si tratamos de preservar elementos de arquitectura tradicional con técnicas y materiales acordes al medio ambiente como se recomienda desde algunas instituciones, claramente el trazado de grandes líneas eléctricas cercanas a núcleos de población, van en contra de dichas recomendaciones. Muchos pueblos de la franja que ocuparía esta línea, pertenecen a municipios desfavorecidos. Las sucesivas crisis en los sectores de la minería, agricultura y ganadería, principales apoyos económicos tradicionales de la montaña, provocó un despoblamiento brutal en las últimas décadas. Esto hizo que mucha gente joven apostara por complementar las actividades tradicionales con nuevas iniciativas como el turismo rural y ecológico, así como otros negocios basados en la naturaleza y en el desarrollo de una economía sostenible. El impacto negativo de esa obra sobre los recursos en los que se asientan dichas actividades, imposibilitaría el desarrollo de las mismas y frenaría nuevas iniciativas en marcha, dificultando enormemente la fijación de población joven en las zonas rurales de la montaña leonesa. Una línea eléctrica de esas magnitudes provocaría un daño irreversible y actuaría como un verdadero corredor de la muerte para muchos pueblos del área de influencia. Sería deseable que se reflexione sobre la política energética actual y se planifique la mayor generación eléctrica en las regiones de mayor demanda, evitando, en lo posible, el tremendo impacto que sobre el medio humano supone una instalación de esa magnitud en algunas zonas. Las consecuencias de la construcción de esa línea serían muy negativas. Aun están a tiempo los responsables de estas decisiones de "bajarse de la burra", poner imaginación y buscar nativas que eviten causar más daño a estos pueblos y a la montaña leonesa y tengan presente que si destruyen ahora lo que durante siglos hemos conservado ya no habrá marcha atrás, ni podrán aplicarse medidas correctoras. Pido a los políticos que ya que parecen incapaces de dar soluciones a los problemas del mundo rural, al menos, no nos creen otros nuevos y tengan en cuenta que en la montaña leonesa no estamos dispuestos a poner en riesgo nuestro futuro y nuestra salud ni a contribuir, a costa del declive de nuestros pueblos, a que las grandes ciudades sobreiluminen sus anchas avenidas, sus suntuosos centros comerciales y sus fachadas emblemáticas. Y esto no es ser insolidarios, es actuar en defensa propia.