Buscaré los siempres en los jamases
La historia es la siguiente: Pongamos que estámos en una ciudad, en este caso París. Y que dos personas que no se conocen de nada, que viven vidas separadas, de repente el destino hace que hablen. En este caso el destino era un anillo. Siguiendo la historia, una de estas dos personas era evangelista a priori no parecía importante, pero realmente lo era. Voy a comenzar por poner en un marco esta historia, una de las personas está en la puerta de un hotel parisino, de estos que están entre calles, esperando por sus alumnas. Claro, que no lo dije, la primera de las personas es profesora. La otra, la evangelista, va a pasar por delante del hotel parisino, cuando de repente, en un francés extranjero, pregunta: -¿Este anillo es suyo? -No, no es mío. La evangelista se acerca y pregunta a la profesora: -¿Será de oro? Y las dos, investigan si el anillo era o no de oro, y sí, lo era. -Pues si es de oro no me lo puedo quedar, quédeselo usted. -No, no, de ninguna manera, usted lo encontró. -Ya, pero soy evangelista, y mi religión no me lo permite. he aquí porque era importante el dato religioso La profesora desconcertada no sabe si quedárselo, no es suyo, y ella no es muy de darse lujos. La evangelista prosigue. -Y mire que es mi cumpleaños, pero siendo de oro no puedo. Además acéptelo, le trairá suerte ya verá. -¿Pero usted de dónde es? -Yo, yo soy serbia creo recordar, me vine a trabajar aquí, pero como puede ver las cosas no andan bien, y hay veces que he tenido que dormir incluso en la estación. La profesora no sabe que contestar, ella está de excursión con sus alumnos, y de verdad que es importante el poder captar la belleza de ese momento. Finalmente llegan las alumnas, y la conversación entre las dos mujeres termina. La evangelista prosigue su camino, pero cuando lleva andados veinte metros,retrocede hasta donde está la profesora y le pregunta -¿Le importaría darme algo para tomar una coca cola y así celebrar mi cumpleaños? La profesora emocionada lo sé saca suelto de su cartera. Y le quiere dar más del suelto que tenía cuatro euros pero la evangelista dice. -No hombre, no. Si es sólo para celebrar mi cumpleaños con una coca cola. Gracias. La evangelista se aleja por las calles parisinas y la profesora se va con sus alumnas. Pongamos que esa profesora es mi madre, y digamos que ese anillo sí que dará suerte, porque lo he visto y a la gente buena le pasan cosas buenas.