Publicado por
Fernando Frías Sánchez - http://yamato1.blogspot.com
León

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Llama la atención que Diario de León haya publicado un par de reportajes sobre la homeopatía y no cite que esta misma semana la asociación médica británica, como otras de varios países, ha pedido que se retire su financiación a cargo de la seguridad social y que los remedios homeopáticos, que al fin y al cabo son simples placebos, dejen de venderse en farmacias como si fueran auténticos medicamentos. Tampoco se citan casos como el de Penelope Dingle, o Christine Maggiore, o tantos otros pacientes fallecidos por confiar en la homeopatía en lugar de seguir un tratamiento médico real. En los doscientos años que han transcurrido desde los tiempos de Hahnemann la medicina ha avanzado de una forma increíble. Incluso se puede permitir el lujo de diagnosticar enfermedades del pasado, gracias a lo cual sabemos que los síntomas que Hahnemann experimentó cuando ingirió quinina son los típicos de una alergia, así que no es extraño que disminuyeran conforme reducía la dosis y que desapacieran cuando la diluyó tanto que no quedaba nada de principio activo. Lo increíble es que de aquel error de Hahnemann y de sus conceptos anticuados o erróneos sobre la química o la biología surgiera un sistema terapéutico, y que dosciendos años después se siga empleando a pesar de que ni un solo ensayo clínico riguroso haya podido demostrar que los remedios homeopáticos tengan efectividad alguna. Algo nada extraño si tenemos en cuenta que en un remedio típico, diluido a 30CH queda una molécula de principio activo por cada 7.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de gránulos. Si todos los habitantes de la Tierra se dedicasen a comérselos a puñados tardarían varios trillones de años en toparse con una sola molécula de la sustancia supuestamente medicinal. Todo el mundo es libre de medicarse con lo que le venga en gana, incluso con bolitas de azúcar aunque bebés como Gloria Thomas o Eliza Scovill no pudieron elegir, y fue la fe de sus padres en la homeopatía la que las llevó a la muerte. Pero vender esas bolitas como si fueran medicamentos es un engaño a los pacientes, y artículos tan acríticos como los publicados lo único que hacen es contribuir al engaño.

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