VACACIONES
VACACIONES Llega la época que más ansiamos durante el resto del año. Los sueños están a un paso de hacerse realidad. Comienza el protocolo habitual, todos expectantes delante de la hucha, atentos, sin el más mínimo pestañeo. Es la hora de la verdad, de lo que haya en su interior dependen nuestros días de playa, montaña o simplemente excursiones aplazadas. Todo está preperado, una, dos y tres. Ya está en minutos se despejará la gran incognita, pero se nos olvida algo. Algo muy importante y que apenas se tiene en cuenta, nuestros abuelos. ¿Que pasará con ellos si nos ausentamos unos días? ¿En manos de quién vamos a dejar el germen de nuestra familia? En el seno de muchas familias, llegado el tiempo vacacional, aflora este capítulo: Nuestros mayores. Son un problema. Son un estorbo. Da comienzo la operación aparcamiento. La búsqueda es dificil y a la vez muy cara, pero merece la pena. Nos hemos ganado unas buenas vacaciones y los viejos no las van ha estropear. Es lamentable, pero vivimos en una sociedad hipócrita. Nos colgamos medallas de la solidaridad hacia los países del tercer mundo. Apadrinamos niños, nos sensibilizamos ante campañas en favor de ciudadanos que han sido desposeídos de sus escasas pertenencias donando unos euros. En definitiva cuando se trata de mostrar activamente nuestro buen hacer y por tanto nuestros mayores se sientan arropados con nuestro cariño, los apartamos para disfrutar de los mejores días del año, sin que ellos también puedan beneficiarse. Es un canto al desamor, un canto hacia la ruptura de lo humano, es la misma canción y tal vez la última que muchos ancianos escuchan. La sociedad, no cabe duda, que en los últimos años ha sufrido una gran transformación en positivo, pero hay algo en lo que se ha retrocedido. La sensibilidad hacia quienes colocaron las bases de la sociedad en la que vivimos.