Riaño. Nochevieja del 86
Hace ya 24 años. El mes anterior habíamos hecho un curso intensivo, un master sobre la realidad de la vida. La maquinaria del Estado, policial, judicial, empresarial,... nos rodeaba, pero esos días teníamos un respiro. Quizá, pese a nuestra juventud, éramos completamente conscientes de lo que nos venía encima, de que esa paz y esa alegría era sólo una tregua pero a pesar de ser conscientes de ello, en el fondo aún no nos lo creíamos del todo, o no nos lo queríamos creer. O vivido escasamente 15 días antes fue tan brutal que esperábamos algo, no se qué, algo que acabara por parar una bestialidad así. Diciembre del 86 fue una experiencia atroz, y, pese a las circunstancias, allí estábamos muchos para disfrutar de Riaño, pensando que íbamos por última vez a celebrar allí una Nochevieja y esperando ser testigos de algo que hiciera que no, que no fuera la última. Pese a la agresión, a la impotencia, los días que pasamos allí han dejado un recuerdo imborrable, y me atrevo a pensar que en todos los demás también. Nunca volví a vivir una Navidad en el viejo Riaño pero ¿cómo olvidar aquella de 1986? Nuestra juventud tuvo un acelerado fin de ilusiones, pero estábamos dispuestos a beberlas hasta el final. Nos reunimos muchos en la plaza del pueblo. Cuando dieron loas doce campanadas, besé a la chica que estaba allí conmigo ¿Iba a ser aquel nuestro año? Le quitamos horas al sueño en las calles del pueblo, en sus bares, en sus discotecas,... Sentimos frío, sentimos calor, olvidamos por un día la condena, nos olvidamos de injusticias y abusos y nos bebimos a sorbos la vida. RIAÑO VIVE. VACIAREMOS EL PANTANO, MAS TEMPRANO QUE TARDE VOLVEREMOS ALLI UNA NOCHEVIEJA, RECORDAREMOS A LOS QUE SE NOS HAN QUEDADO EN EL CAMINO SIN PODER VERLO Y BRINDAREMOS POR NUESTRA TIERRA, NUESTRA RAIZ, NUESTRA SANGRE.