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fernando cuesta garrido - http:vecinosdeiparralde.blogspot.com
León

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IGUALDAD Los datos, que a través de los medios, estamos conociendo a cerca de los ingresos de los que se benefician personas que han pasado por la política oficial, con importantes responsabilidades, están levantando muchas ampollas. Dada la situación, por la que está atravesando el país, no se entiende que existan ciertos privilegios que conservan parte de la clase política. No encaja, en la sociedad actual, que expresidentes, de comunidades autónomas o del gobierno central sean perceptores de pensiones, algunas de ellas vitalicias, y a la vez se esté manteniendo una actividad con una remuneración importante. La reforma de las pensiones, que se está elaborando, la cual va ha suponer un recorte significativo de los derechos que actualmente se tienen, nos sirve de referencia para señalar los privilegios que mantienen por las mismas personas encargadas de corregir a la baja las prestaciones por jubilación. En el país en el que vivimos en el que se ha instalado en el centro del debate la lucha por igualdad no caben privilegios ninguno y menos de una clase política en un claro deterioro de imagen y prestigio. La reforma de las pensiones pone el dedo en la llaga. Deja claro que en pleno siglo XXI las prebendas de ciertos sectores se mantienen a pesar de la gran transformación de la sociedad. Da la impresión que en algunos aspectos continuamos en la Edad Media. Se echa en falta una regulación justa y acorde a los tiempos que vivimos. La calidad democrática se mide a través de la justicia. Justicia es apostar por que las personas disfruten de los mismos derechos. No puede existir en una sociedad, que aspira a ser homogénea, niveles de calidad. La clase política debe comenzar a entender que nadie puede permanecer en un peldaño más alto. Mantener la cultura del es sinónimo de injusticia social y sirve para abonar el camino de la rebelión.

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