Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

SIC TU NON TIBI… CÓRDOBA Cuenta la Historia que, en cierta ocasión, envió el poeta Virgilio unos versos anónimos a Augusto. El emperador, agradecido, quiso premiar al autor, pero el poeta Batilo se apropió de ellos y recibió la distinción. Enterado, Virgilio hizo llegar a Augusto otros versos, esta vez incompletos: Hos ego versiculos feci / Tulit alter honores / Sic vos, non vobis… (Yo hice estos versos. Otro llevó la gloria. Así vosotros, no para vosotros…) Y retó al plagiario a que los terminara. Sólo Virgilio supo hacerlo: Sic vos non vobis… … nidificatis aves (nidificáis, aves) … lanificatis oves (criáis lana, ovejas) … mellificatis apis (elaboráis miel, abejas) … fertis aratra boves (arrastráis el arado, bueyes) Qué ajeno estaba Virgilio a que, casi dos mil años después, la OJE incorporaría a su filosofía el Sic vos non vobis, literalmente, y, además, extrayendo el más hondo sentido de esos versos, acuñaría su lema: Vale Quien Sirve. Fue la piedra angular de la invitación, a los jóvenes que quisieran, a un estilo de vida nuevo, plenamente vigente, que habla de esfuerzo, generosidad, alegría, humildad, tesón, amistad, solidaridad, honor, responsabilidad, entrega… Ángel Fernández Córdoba fue un notable valedor de ese estilo de vida. Hasta los tuétanos. Doncel cautivo en su propia y libre elección, fiel a sus raíces y principios, se entregó al mundo de la Juventud y del Deporte, selló su compromiso de salvaguarda con la Naturaleza y respaldó y promovió iniciativas señaladas en el terreno del Arte y la Cultura. Querido Córdoba… Los hechos de tus días traslucían tu entusiasmo por la vida, tu amor a León y a España y tu afán de servicio, siempre con ese maravilloso don de gentes tuyo, lleno de simpatía, inteligencia e intuición. Tus planes, tus proyectos, los exponías de modo tal, con tal brillo y convicción, que contagiabas y convencías y allegabas esfuerzos y ganabas voluntades… Sabías muy bien, acaso como buen kantiano, que el empeño en alcanzar el bien propio contribuye al progreso de los demás; o, en otra onda, sencillamente, como dice el pastor Cardenio en el Quijote, que va acertado quien bien quiere. Y esa bienquerencia por lo que te rodeaba, grande o pequeño, te granjeó la estima y el aprecio de la mayoría de las gentes que te conocieron. Lo sabíamos y lo hemos visto en estos días. Viviste con fruición, encarando el día a día con ese talante tuyo, tan particular, ponderado, apostando fuerte; moderado en los aciertos y crítico en los yerros, a nada ajeno y a nadie indiferente; rubricado por el certero y preciso barruntar que en todo te precedía. Y aceptaste el reto de los tiempos hasta donde la propia identidad repele el cambio, que nada cambia si no en la permanencia de lo que nos es esencial para la conquista del futuro. Lo hiciste junto con los tuyos, Ana, Fernando, Ruth y Ángel y con cuantos integran y acrecen tu familia, que siempre contará con nuestro afecto y nuestro apoyo. El 17 de febrero, mientras depositábamos tu cuerpo en los campos de la Eternidad, sentíamos flotar sobre nuestras cabezas un inefable halo familiar, apretado, sincero, colmado de respeto, de cariño y de gratitud. Embargados por la emoción, a duras penas, cantaron nuestras voces para ti, trémulas, cuarteadas por la tristeza de estar despidiendo al amigo, al camarada, al maestro. Guía entre los guías. Hoy, limpios los ojos, enteras las gargantas y serenos los corazones, honramos tu memoria, proclamamos la grandeza de tu huella y atesoramos, agradecidos, tu herencia. Dios te guarde, camarada. Dios te guarde, Ángel Fernández Córdoba. Manuel Linares-Rivas de Eguíbar Izagre (León)

Cargando contenidos...