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León

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Hace unos días mi hija, que tiene una lesión cerebral, ingresó en urgencias del Hospital de León con una situación similar al coma. Tras varias horas intentando reanimarla y estabilizar sus constantes, fue trasladada a la UCI, donde permaneció durante cinco días, tras los cuales pasó a planta, donde estuvo dos días más antes de recibir el alta. Durante estos días se le practicaron diversas pruebas, se controlaron diversas variables, y, en su estancia en la UCI, recibió una atención más que correcta, de las pediatras que rotaron en aquellos días, así como del personal de enfermería y auxiliar. Me consta que la neuropediatra del centro (sólo hay una) visitó a la niña, porque su opinión nos era trasladada por las pediatras. Sin embargo, en ningún momento se pudo realizar consulta alguna, comentario, o incluso facilitarle información complementaria, ya que quienes mejor conocemos a la niña y su situación somos su familia, porque en ningún momento se dignó a hablar con nosotros. Una vez fue dada de alta, llevamos a la niña al Hospital Niño Jesús de Madrid, donde una autoridad en el síndrome que padece mi hija, el Dr. García Peña, la recibió, nos recibió, con abrazos, tras habernos tranquilizado vía e mail, ya que él, motu proprio, nos había facilitado la dirección, para cualquier consulta o comunicación importante. Casi el mismo trato. ¿Verdad? Creo que el ejercicio de la medicina actúa simultáneamente en dos ámbitos, siendo ambos imprescindibles. El primero, el conocimiento médico para llegar a un diagnóstico y un tratamiento. El segundo, la humanidad, que, más en el caso de un niño, debiera presumirse. No ser capaz de hablar durante más de una semana con los padres de una niña a la que llevan al hospital sin saber si está viva, demuestra una carencia absoluta de humanidad. Esta carencia, sin embargo, no cuesta dinero. Incluso en época de crisis puede subsanarse. Sirva este comentario para la reflexión por quien corresponda.

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