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León

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Soy una de esas raras personas que se han atrevido a poner un negocio en estos tiempos, soy por lo tanto desde hace poco, un pequeño empresario. Una especie en peligro de extinción, que recibe tan poca ayuda como las especies del mundo animal y vegetal en la misma situación… o menos si cabe. Además, para esta nueva etapa laboral, he arrastrado a mi mujer, que ha osado seguirme en esta aventura y por lo tanto, según casi todo el mundo, estamos ambos locos, porque, reconozcámoslo, esto tiene un riesgo. Lo cierto es que no somos empresarios desde un poco antes porque, sinceramente, no se nos ha dejado. Vivimos rodeados de tal cantidad de burocracia que cualquier trámite se hace un mundo y no digamos, aunque sea un tópico, lo voy a decir, poder un negocio. La obtención de la licencia de obra de acondicionamiento del local estuvo en el ayuntamiento, de mesa en mesa, de técnico en técnico y de comisión de servicios en comisión de servicios, la friolera de 9 semanas, casi lo que la famosa película. Y al final para que el proyecto editado se aprobara a la primera, puesto que no se encontró ninguna deficiencia en el mismo y tal y como estaba se hizo a la postre en obra. Supongo que quien no tiene padrino… pero ese es otro tópico y no lo voy a decir, o sí ¡qué carajo¡ Claro luego oyes lo que oyes, que si Fulanito lo hizo a escondidas, que Menganito sacaba el escombro en los coches, que si esto, que si lo otro, y entonces no sabes si eres un cobarde, idiota, o qué, pero sinceramente, lo que no piensas es en ningún adjetivo “positivo”, nadie te llama guapo, ni bueno, ni patriota,… todo el mundo dice que eres gilipollas. Y si después añades en una conversación que te han soplado casi 3000€ entre importes de licencias, solicitudes de documentación, censos, etc. Ya es de chiste. Luego viene la segunda parte, la que tiene que ver con la licencia de apertura, ésta por lo menos, te la dan mientras estás ya desarrollando la actividad, por lo que es menos traumática en lo práctico, pero tiene también si punto masoquista para el osado empresario, y es que antes casi de empezar, cuando tu negocio no está aún ni en marcha, cuando aún estás recibiendo la mercancía del inicio de la actividad, tienes que pagar dichas tasas de licencia, que en mi caso suman otros casi 2000€. Una agradable contribución, para el bienestar de otros, pero que sinceramente poco ayudan a estabilizar las cuentas de tu recién nacido negocio. Con todo esto no quiero atemorizar a los demás valientes, si queda alguno, imagino que dará igual lo que yo diga. Simplemente me gustaría sensibilizar un poco a los mandamases de las instituciones locales, creo firmemente que todos los trámites se podrían agilizar y desde luego, no creo que este sea un método recaudatorio que fomente la actividad económica de León.-

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