Cobardes entre los miserables
La peor de las catastróficas secuelas, el más dañino de los desequilibrios incentivados por el golpe a los derechos de los trabajadores, también llamado reforma laboral de Mariano Rajoy, ha sido la arbitrariedad. Ya no es necesaria ninguna justificación y además el despido es más barato. No obstante, algunos indeseables, disfrazados de empresarios, pretenden que despedir arbitraria e injustificadamente, les salga gratis y utilizan la cobarde artimaña del mobbing o acoso laboral. Sin dar explicaciones, caprichosamente, sin causa que lo justifique, los más miserables entre los miserables y de ellos los más cobardes, aterrorizan a sus víctimas, haciéndoles ver que pueden perder el puesto de trabajo en cualquier momento. No contentos con ello, azuzan al empleado elegido minando su estabilidad emocional, su salud mental, con la maligna intención de conducirlo a un estado de ansiedad que lo obligue al abandono de su puesto de trabajo con la consecuente pérdida de todos sus derechos; indemnización por despido y subsidio de desempleo entre otros. Este proceder por el mero placer de hacer daño o en algunos casos como represalia porque el empleado no accede a prestar determinados e inconfesables servicios extra laborales, es propio de sádicos que disfrutan con el sufrimiento de sus semejantes. Los cobardes, eligen a sus víctimas entre los más débiles a sabiendas de que no es fácil probar el acoso y actúan con relativa impunidad, aunque en algunos casos dan con sus huesos en la cárcel. Es sobradamente conocida la sentencia, de la “vitrina” que a finales del 2012, condenó a un año de cárcel a dos delincuentes disfrazados de empresarios por someter a acoso laboral a una empleada en el polígono industrial de Toral de los Vados. Pero de nada sirven las penas, de nada sirve que el indeseable acosador ingrese en prisión, de nada sirven las indemnizaciones. No hay nada que devuelva a las víctimas las horas de angustia, el terror a perder el puesto de trabajo y las lágrimas. El acoso laboral, amparado por una legislación laxa en esta materia, está convirtiéndose en epidemia y hace urgente, muy urgente, volver a equilibrar las relaciones laborales para evitar el desgarro social que está produciendo la reforma de Mariano Rajoy. El desgarro social no se mide en millones de euros, no se mide en jornadas perdidas. Hay que medirlo en odio y el odio es una moneda con la que ninguna sociedad puede saldar sus cuentas.