Diario de León
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León

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Hoy el lector de este libelo se encuentra con el graciosísimo titular “La ULE inventa el botellón cívico” (lo redacto de memoria, pues volverlo a mirar igual me obliga a visitar el baño de una carrera y postrarme de rodillas a dar mi opinión), seguido del aún más gracioso “Genarín empieza a tomar nota” (cosa de la que ni siquiera se habla en el artículo). Ante estas líneas a uno le cuesta aguantar la risa en el camino a casa, para que no le tomen a uno por bobo. Pero, después de la primera risotada, a uno le empieza a hervir la sangre. Y le hierve por una sencilla razón: todo lo que cuenta la noticia es parcial y no hace justicia a lo que se vio ayer ni a lo que se lleva viendo durante mucho tiempo en las líneas de este panfletillo con sección de deportes y horóscopo. Soy un estudiante de cuarto de carrera que no soporta las espichas, con la salvedad de la suya propia, por el simple hecho de ser “la de casa”. Sin embargo, es cierto que llevo yendo a las espichas de la universidad desde que tenía 15 años. No se alboroten. Sus hijos también, y no les ha pasado nada. Ustedes (salvo Trapiello, que de aquella debía ya de estar trabajando y lejos de toda juerga) también fueron jóvenes y salieron lo mismo que nosotros o más (o eso cuentan en las sobremesas de las reuniones familiares hinchando el pecho). Conozco, en fin, muy bien el patio. Probablemente mejor que los pobres periodistas que ayer, lápiz y cuadernillo en mano, visitaban quizá por primera vez una espicha. Soy, además, un joven de 21 años que lleva seis asistiendo al Entierro de Genarín (la procesión) e incluso participando en su concurso de versos burlescos. Creo muy probable (solo hay que ver los reportajes que ustedes le dedican) que conozca yo mejor que ustedes Genarín. Y quien me conoce sabe que no soy muy dado a beber. Esto último puede ser un dato anecdótico, pero me gusta apuntarlo por dar un perfil distinto del de ustedes sobre los Cofrades de Nuestro Padre Genarín. Cuando les escribo estas líneas es porque ya estoy harto de su redacción tendenciosa y parcial, que roza, espero que inintencionadamente, la mentira más descarada, especialmente al hablar de los jóvenes. Es gracioso cuanto menos oír que en 2016 es cuando inventa la ULE el botellón cívico. Sobre todo porque, antes de que Hermida prohibiese las espichas, las fiestas universitarias contaban con carpas y eran, como la de Económicas a la que ustedes se refieren, “botellones cívicos”, limpios y sostenibles. Quizá lo que olvidamos contar del genial “invento” es que, esta vez, es una empresa la que coloca la carpa, en lugar de ponerla la universidad, como antaño. Lo que tampoco contamos del invento es que justo ocurre el día de las elecciones a rector, en lo que parece un intento desesperado por ganarse a los estudiantes. También se obvia el hecho de que, como se puede observar en las fotos del artículo, hay cubos de basura en el campus, cosa que no ocurrió en Industriales, cuando el Ayuntamiento decidió quitarlos, no fuera que se pudiese limpiar el recinto como, dato ignorado por este periódico, ocurrió los dos últimos años, cuando la propia comisión de fiestas que organizaba la espicha se dedicó durante toda la semana a recoger la basura improvisando incluso cubos de basura en que tirar los residuos (además de que, una vez más, este año han sido los propios estudiantes los que han ido a limpiar el campus antes que nadie. Y hemos tenido que esperar a que al Ayuntamiento, que, además tiene el compromiso de encargarse del mantenimiento del campus, se le cayera la cara de vergüenza para que viniese a arrimar el hombro). Es muy sencillo obviar estos hechos y no decir que todo esto ya se hacía así de antes, que ya se podría haber hecho así en industriales y no se quiso y que esta espicha “externalizada” como tantos otros servicios responde más a intereses electorales que a verdadero interés por los estudiantes. Hemos pasado por lo menos cuatro años con las espichas prohibidas, y resulta irónico que el canto de cisne de Hermida sea precisamente lo que él mismo prohibió. A buenas horas, mangas verdes, nos acordamos de los estudiantes y sus fiestas, el servicio de limpieza y su precariedad y el Hospital Clínico Veterinario que nos hemos encargado de arruinar para ahora prometerle la acreditación europea. Los últimos ocho años solo eran de calentamiento. Por otra parte: Genarín tiene más que bien tomada la nota de la limpieza. Quien sigue la procesión lo tiene muy claro. Es más fácil quedarse en la Plaza del Grano que seguir el Entierro y oír a Maxi Barthe, Abad de la Cofradía, cómo, tras cada una de las paradas de la procesión, pide que por favor se sea respetuoso y limpio y que no se tiren las cosas al suelo. La procesión en la Plaza del Grano tan solo saca los pasos, y poco tiene que ver con el botellón que se monta en tan histórico lugar, por no decir que son los primeros que lo condenan. La brillante idea de este año de cerrar la plaza, además, contribuyó a que el botellón se hiciese en el entorno de la misma, por donde pasan a la mañana siguiente los Pasos. “El ayuntamiento inventa la penitencia con vidrios rotos y olor a garrafón” podría ser el titular, para disimular tan estúpida idea, digno de este periódico que vende gato por liebre mejor de lo que jamás pudo nuestro santo pellejero. Pero no se preocupen. Esta carta irá en la segunda o tercera página y pasará sin pena ni gloria. Lo que mañana se leerá será otra vez a Trapiello cargándose los odres de vino en sueños. Mañana su enemigo serán quizá los estudiantes desagradecidos que votan con conciencia y no porque les pagan las fiestas los que primero mandaron su futuro a las papeleras que ahora les ponen en las espichas. Y todo porque, después de la fiesta, no tienen trabajo de camarero porque todos esos trabajos ya los habrán conseguido los hijos y amigos de los jefes, que sientan a los nenes en sus sillones y les crean puestos a medida en el restaurante o en los despachos de la ULE.

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