Patriotismo contenido
Quemar banderas de España es libertad de expresión. Pitar el himno nacional es libertad de expresión. Insultar y mentir sobre la historia de España es libertad de expresión. Responder a estos agravios es fascismo reaccionario. Así funciona la lógica progresista. La misma lógica que quiere destruir al país más antiguo de Europa para convertir cada aldea un país propio. Ese rancio chovinismo más propio de tribus africanas que de cualquier sociedad avanzada, exige que se entienda y respete su identidad aldeana, mientras agravian gravemente (con la colaboración necesaria de los grandes lobbies de propaganda) el sentimiento de españolidad, que a diferencia del suyo, sí se basa en una realidad tangible y consumada. En las últimas semanas se han intensificado tanto el número como el contenido de esas ofensas hacia a España, es decir, hacia los españoles. Esos españoles que son ciudadanos pacíficos a los cuales se les está colmando la paciencia. Los que se quedan en casa, está saliendo a la calle; los que siempre callan, están gritando más fuerte; la mayoría silenciosa quiere ser escuchada. Y quiere decir: ''¡Ya está bien! ¡Amamos España y queremos vivir en paz!''. Pero esto no solo es una respuesta a los que odian España, sino también a los que deben defenderla. Ese ardor patriótico que impulsa a los ciudadanos de bien a salir a la calle y gritar es consecuencia no solo de los agravios de los enemigos de España, sino de la falta de desagravios contundentes y visibles que debe aplicar el Estado a esos elementos. Porque esa lenidad que han mostrado las instituciones a la hora de defender España puede convertir el sentimiento de amor a la Patria en odio al agresor. Y ese odio solo puede cristalizar en un movimiento: la ultraderecha. Personas de bien, pacíficas, empiezan a ver con buenos ojos e incluso con satisfacción acciones ultraderechistas. Y solo porque consideran que son los únicos que están defendiendo España. La responsabilidad de que estos grupos radicales no crezcan es que el Estado y todos sus organismos respondan proporcionalmente a los actos delictivos que se cometen contra España. Sin pusilanimidad ni políticas de empalagoso progresismo, que en Francia, Alemania, Austria, Holanda, y otros países europeos han provocado que grupos de ultraderecha entren en los parlamentos. Y todo esto porque los gobiernos europeos han preferido ser ''guais'' consintiendo todo tipo de barrabasadas a la ultraizquierda, que en su ADN tienen trazas de misantropía antipatriótica. Para terminar, aún a riesgo de parecer pretencioso, me dirijo al Presidente del Gobierno de España: Mariano Rajoy. Y le aconsejo que utilice toda la contundencia, proporcionada por supuesto, pero visible y palpable, contra los mutiladores de España. Ya que la violencia legítima utilizada para defender a tus ciudadanos podrá resultar incómoda en la actualidad, pero la Historia lo acabará olvidando ya que ella misma está plagada de violencia injustificada. Lo que no olvidará jamás la Historia es al Presidente del Gobierno que permitió la desaparición de España. David Gutiérrez López