Tercer año de Pasión en Grajal
La "espantá" de las carmelitas felonas de Grajal traía al pobre obispo Julián como monja por rastrojo. Y es que además del edificante y cristianamente ejemplar proceder, en el equipaje se llevaban unas obras de arte que no eran suyas. Agobiado por los acontecimientos, incluida una manifestación y un escándalo a nivel nacional, en abril del 2007 llego a decir: "este asunto es de la jurisdicción de Herodes, o sea de la Junta" y lavándose las manos colgó en la web del obispado un curioso fax. En este fax los chicos de la Dirección General de Patrimonio de la Junta, o sea Herodes, venían a decir que como las tallas expoliadas no eran bien de interés cultural, ni lo era el convento, que las felonas podían trasladar las tallas a su real voluntad o capricho. En temas de propiedad no entraban y devolvían el caso a Pilatos, o sea al obispo. Digo que el fax era curioso, porque a los pocos meses, en noviembre de 2007, los mismos chicos de Patrimonio de la Junta declaran a Grajal bien de interés cultural con categoría de Conjunto Histórico Artístico. Es razonable pensar que la Junta ya sabía en abril que la declaración estaba en ciernes cuando autorizó el traslado de las tallas entonces, ¿por qué lo autorizó con tanta diligencia si en noviembre ese mismo traslado era ya manifiestamente ilegal? ¿Por qué gozaron las mojas felonas de ese trato de favor? ¿Tuvo algo que ver el Opus? ¿Las asesoró o terció su consejero áulico: un bodeguero de Ribera del Duero y empresario de Loís fácilmente identificable? Desde entonces la Junta guarda silencio. Don Julián hizo de Pilatos y en el pecado habrá llevado su penitencia, pero si las tallas salieron de Grajal fue porque en última instancia la Junta, con su proverbial celo en defender el Patrimonio Leonés, así lo autorizó. Pues eso, que se sepa quienes crucificaron al pueblo de Grajal.