La fiesta de las armas
Otro año más que se exhibe con gran profusión de medios ante todos los ciudadanos, incluidos niños en fase de educación, todo tipo de armas de matar a otros seres humanos, por supuesto que a los que mataremos son los malos, infieles y enemigos. Sé que a lo peor, estas armas, tal como están las cosas entre los hombres son necesarias, pero también son necesarios los retretes y nuestro reyes y gobernantes no los sacan en procesión por la Castellana. Tengo la impresión de que los ciudadanos, en general, creemos que el estado natural de los militares es desfilar con mucho boato y alharacas, con paso muy rápido o más lento, con trajes vistosos y semblante serio y feroz y que por ello cobran un sueldo y además les asignamos el carácter de honorables, patriotas y héroes. Por supuesto que si alguno de los nuestros, muere víctima de las armas enemigas, que a su vez probablemente desfilaron orgullosas también, declarando sus enemigos a los infieles malvados e invasores, pues entonces es algo inesperado y que bajo ningún concepto tenía que haber ocurrido. El conciudadano uniformado que se alistó al honorable ejercito porque no encontraba otro trabajo, por que necesitaba el sueldo para mantener a su familia o por lo que fuera, conduce un vehículo armado o simplemente repara dicho vehículo, tiene la mala suerte de estar en el peor sitio y en el peor momento y estalla una bomba debajo y el trabajador uniformado muere, pues bien, nuestras autoridades no dudan en pregonar con gran alborozo que esta persona es un abnegado héroe, gran patriota y que estaba allí por su gran amor a la patria y por tanto se le monta un homenaje con música, banderas y foto de los monarcas y sus familiares, todos los políticos y fuerzas vivas. Por supuesto que un minero que queda enterrado, un albañil que cae de un andamio, un sanitario o investigador que muere infectado por algún virus con el que trabaja, estos no son tan patriotas, tan honorables, tan valerosos y tan héroes como los anteriores y por tanto no hay bandera, música ni foto con autoridades, tampoco en este caso, su esposa o madre podrán mojar con sus lágrimas la mejillas reales.