martes 17/5/22

La ciudad de las oposiciones

Ibai Llanos se especializó en motivar a opositores tras su paso por León. Ya se sabe que los bilbaínos siempre fueron hermanos de esta Región. Y no, que no se confunda con Burgos, por mucho que allí intenten explotar el potencial turístico con fotos de la catedral de Santa María de Regla... Que los verdaderos cracks opositan en esta ciudad.

Últimamente no se ve a los chavales por la calle. No salen los planes. Bajas al local y tampoco están ya. «Estoy estudiando», contestan orgullosos. Que si Policía Nacional, que si maestro, que si Guardia Civil, que si bombero, que ahora van a salir muchas plazas de auxiliar administrativo, que Hacienda necesitará cubrir los puestos de las jubilaciones, que a la biblioteca de la ULE le falta personal, que aquello que el Ayuntamiento dejó —legado de Silván a Diez—en el cajón del Boletín Oficial de... En resumidas cuentas, que la juventud está tan asustada de la jungla laboral resultante de la vida académica que contempla como única opción de proyecto de futuro estable esa que depende del funcionariado público. La tranquilidad de ser mileurista, contar con un sueldo fijo a final de mes y tiempo libre son las bazas principales de esta oferta de empleo. La salida de emergencia es luchar por los sueños o emprender, algo arriesgado que no ofrece ninguna garantía para, a largo plazo, poseer una casa y tener una familia. «Diez mil candidatos a 200 plazas de Renfe», para puestos de comercial. ¿Alguien sabe qué van a hacer los 8.800 que sobran? ¿Vivir en el limbo de la frustración y la desidia? ¿O se pondrán con las de Correos como quien juega a la oca? Tal vez hace veinte años esta posibilidad estaba corroborada empíricamente como seguro de vida. Hoy las cosas han cambiado y la oferta supera, impasible, la demanda, dejando multitud de personas en la estacada, o en el día de la marmota en la ciudad de las oposiciones.

La comodidad no sirve de nada cuando llegas a los 60 y no te sientes realizado, tu trabajo no te hace feliz y la lista de ‘cosas’ que querías hacer cuando te dieron el puesto sigue tal y como la escribiste: sin un mísero tachón. Has visto escurrirse el tiempo entre tus dedos, ocupados en teclear, sentado en la oficina, cumpliendo tu papel como parte del engranaje del sistema, cuando siempre presumiste de tu inquietud y de tus ganas infranqueables de cambiar el orden de lo establecido. Realmente pocas veces una persona está completamente satisfecha de las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida —yo y mis millones de errores—, pero si decides ser funcionario, que sea por vocación y no por expectativas. Y si esa vocación no existe, o suspendes el examen, o no llegas a la nota de corte, no desesperes. Quizás ese no sea el camino para ti. Rebusca en el fondo de tu corazón y encuentra tu profesión. No te dejes llevar por la inercia: si luchas, hazlo por aquello que te apasiona.

La ciudad de las oposiciones
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