Diario de León

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Ayer volaron la caldera de la central térmica de Anllares, un nuevo paso en la inhumación de una historia que terminó hace más de treinta años. Dios no tiene el derecho de dejar morir así a sus hijos, le obligaba Zola a decir a Buenamuerte cuando la muerte era la única posibilidad que había para vivir de la mina. Pero todo eso pasó hace tanto tiempo que resulta naif o cínico —dos caras de la misma moneda— ponerse trascendental con ello. Naturgy hace saltar por los aires un esqueleto de la misma manera que las sucesivas administraciones permitían que la trampa del carbón de importación, la turba, el escombro, los cielos abiertos, los tajos navegables y las concesiones de prejubilaciones convirtieran León en una provincia enferma: enferma de pesebres y apesebrados, de corruptos y de corruptibles, de siervos encantados con su papel, de ciudadanos acríticos, incapaces de abrir la boca a no ser para recibir el bodrio que de manera esporádica —y siempre si el patrón se levantaba con buen pie— recibían por otro año de pobreza espiritual.

¿Qué habría sido de León sin el carbón? se preguntan algunos ¿qué haremos sin el carbón? Estas cuencas no pueden vivir sin el único monocultivo que nos permite continuar con un momio que me devuelve mi imagen de un espejo de feria. Y así, solaparon la dignidad de miles de trabajadores y arrancaron a una provincia entera la capacidad de crítica, de mirar la verdad sin esperar que la magia hiciera efecto, sin aguardar a que otro sustituyera la voluntad de la que nadie nunca debería abdicar.

La cobardía y el servilismo son las dos características que nos ha legado la minería. Somos una sociedad sin capacidad de reacción, poco dada a inventar y a movilizarse para lograrlo y todo eso se lo debemos al carbón. Creíamos que con que hubiera pan todos los días era suficiente, como el pobre Buenamuerte, que nunca soñó con probar la carne. Y aquí, el pan se cambió por la jubilación máxima y el apartamento de Alicante. Ayer se voló la caldera de Anllares, pero la verdadera explosión aún espera.

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