miércoles 19.02.2020

El pin parental

Que a estas alturas tengan la hipocresía de decir que los hijos no son de los padres es una muestra de que vivimos sumergidos en burbujas de opinión, que la realidad, o la verdad, existen fuera de nosotros, que la actualidad no es más que la agenda que cada uno infla para distraer la atención de lo fundamental.

En este país, señora Celáa, los niños son de los padres. Sólo así se explica que permitan, por ejemplo, que los maltratadores puedan convivir con ellos. Sólo así, que las denuncias de violencia o las advertencias de que los menores corren peligro se queden en un cajón. Es la única manera que tenemos para explicar la razón por la que el Estado sigue permitiendo que las niñas acudan a clase con velo, o que el derecho real a la educación dependa de la familia en la que naces.

Los niños también son del Estado. Son del Estado cuando no de algún burócrata que decide que el niño estará mejor en un centro de menores en el que acabarán prostituyéndole.

El llamado pin parental es la manera que tiene Vox de marcar el debate y, al hacerlo, le roba la agenda al PP, que hará mal en hacer seguidismo del partido de Abascal. Si España fuera un país serio, no estaríamos discutiendo en términos de propiedad. Un niño no es de los padres, pero los padres tienen la patria potestad. Son ellos los que deciden sobre la mayoría de los aspectos que rodean la vida de sus hijos. Pero no de todos. Los derechos humanos deben ser parte imprescindible del currículo, de la misma manera que lo es enseñar la teoría de la evolución de Darwin y no que todos somos hijos de Eva.

Todos los menores tienen el derecho y la obligación de comprender que la convivencia y la libertad se basan en el respeto, y éste sólo se consigue con una educación en igualdad. ¿El sexo? Puede que en este caso los padres puedan ejercer la tutela efectiva, aunque lo coherente sería que los partidos llegaran a un acuerdo que permitiera que nadie se educara a través de la pornografía. Todo menos convertir, de nuevo, a los más indefensos en carne de cañón.

El pin parental
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