jueves. 02.02.2023

Jorge y los otros

Los nuevos censores son como los viejos. La única diferencia es que este grupo de radicales trasnochados sabe que tiene razón. Los de antes lo intuían, con lo que cabía la posibilidad de que se equivocaran y nos dejaran en paz. A estos , en cambio, les ampara la pureza, el candado de sus ideas inmaculadas. La última víctima de los nuevos Savonarola de la verdad, ese concepto totalitario que se basa en la negación del otro, es la racista, sexista y homófoba Enid Blyton y, como corresponde con cualquiera que reúna estas características, está a punto de desaparecer gracias a la cultura de lo políticamente correcto.

 

Todo es tan pueril como el mundo en el que nos movemos, un lugar que fabrica ficciones como alpiste para que nos entretengamos con polémicas inútiles. Es el relato, ese del que tanto hablan y que nadie se encarga de analizar, el que nos acompaña hasta que nos vamos a la cama, el que vela nuestros sueños. En el pasado teníamos algunas cosas claras —quien no cree en Dios, cree en cualquier cosa— y cuando tratábamos de ponerlas en duda crecíamos, nos hacíamos mejores, porque la incertidumbre es lo que nos mantiene alerta. Ahora, estamos protegidos por la evidencia. ¿Para qué luchar y convertirnos en parias sociales cuando tenemos la posibilidad de ser aceptados por un tirano que nos blanquea? Es la dictadura perfecta: un gran supermercado de ideas candorosas, inocentes y sin complicaciones en el que todo es lo que parece, en el que sabemos con quien hablar, a quien apedrear, qué libros echar a la hoguera y qué guión seguir en cada conversación.

 

La melaza de los convencionalismos en este newage es el soma que dibujó Huxley en su distopía. Cuando leía Los Cinco, pensaba que en algún momento de mi vida podría ser como Jorge, la mejor, la más aguerrida, la más valiente, la más libre de todos. Que ahora un grupo de notables del integrismo moral crea que ese personaje es una burla a las mujeres o a los transexuales sólo demuestra que los buenos tienen que leer más y que los certámenes de mises están perdiendo concursantes.

Jorge y los otros