viernes 13.12.2019

¿Lo escuchan?

Borraron la filosofía de los planes de estudios para convertirnos en máquinas de procesamiento vicario, rebaños de bueyes a los que tientan con sus colores cada vez que necesitan que el rumor del viento les sea favorable. Arrancaron las herramientas para hacernos manejables. ¿Para qué queréis pensar si podéis sentir?, nos dijeron. Y así hemos llegado hasta hoy, con un barco de desahuciados dando vueltas en el mar mientras se juegan a las cartas el puerto en el que atracarán los restos de humanidad que nos queden cuando los inmigrantes toquen tierra. Pero, en este juego de póker de las cancillerías hemos olvidado que en una democracia las culpas, o la responsabilidad—depende de la identidad moral de cada cual— se reparten. Es el peaje que pagamos por la libertad — la verdadera, no la que Lasquetty le susurra a Ayuso— por el libre albedrío, por saber que son nuestras las decisiones que no tomamos ni compartimos, que quien las rubrica lo hace por el mandato de la representatividad.

 

No escucho voces altas, esas que marcan el sentido de la espiral de la opinión pública, las que deciden el órgano de casquería que el mercado de las emociones subastará en twitter. Son las mismas que sintonizan la verdad en canales diferentes según el partido en el gobierno. Nada que no sepamos ya, que es la demagogia la que arbitra en los partidos entre el bien y el mal, entre la propaganda y la realidad.

 

En eso estamos, en decir una cosa y la contraria, en defender que ambas son ciertas porque el utilitarismo del momento y la voz más alta me darán la razón, en que las cosas son, pero según quien domina el juego. Así hemos llegado hasta este momento, en el que nadie habla, en el que un escándalo que habría acaparado portadas ha sido difuminado en la frecuencia más conveniente. Sin pudor. Si llevamos hasta el final el argumento, puede que el problema del ‘Open Arms’ se habría resuelto si hoy, en La Moncloa, estuviera el ‘trifachito’. Puede que el grito de la superioridad moral ya hubiera logrado el desembarco. ¿Lo escuchan? Es el silencio.

¿Lo escuchan?
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