jueves 24/6/21

San Marcos

De qué hablamos cuando hablamos de San Marcos? Hablamos del campo de concentración, de los presos que fueron arrinconados como chinches en el monasterio, de los cientos de ellos que fueron conducidos hasta las sacas de asesinados y de las familias cuyas vidas se hundieron en la tristeza y el terror durante tantos años... ¿De qué hablamos, entonces, de qué hablamos cada vez que hablamos de San Marcos? El martes se habló muy poco de San Marcos. O al menos eso se deduce de las crónicas publicadas. Aunque, claro, en este nuevo mundo de transparencia que nos conduce hacia los alternative facts que dicen los seguidores de Trump, no hay sitio para los periodistas, que tuvieron que seguir el acto en streamming. El acto se convirtió en un meeting de cargos del PSOE, un happening en el que no faltó ninguno de sus cuadros, todos con las consignas de siempre y las alharacas acostumbradas. No voy a personalizar en nadie porque es mejor en infinitivo: hablar de oídas y con la misma emoción vacía, aprendida, inconsecuente. En 1936 los miles de personas que perdían la vida en su interior convirtieron el gran convento en un edificio invisible. Eran pocos los que se atrevían a verlo. El martes los protagonistas del horror fueron silenciados de nuevo a mayor gloria de los políticos socialistas.

Tal vez, sólo tal vez, podría perderse la hemiplejia y confiar algo de la suerte a la inteligencia, aunque para ello haya que prescindir del maquillaje de la propaganda. Lo mejor, el cartel, ese cuadro que recuerda a Victoriano Crémer, como si fuera el exponente de la miseria y el horror. No hacía falta tanta solemnidad para destapar un anuncio en el que la tragedia se circunscribe a la caricatura de un preso que vendía sus dibujos al carcelero y a un poeta que glosó a los ausentes al poco de librarse del yugo de la cárcel. Al final de los discursos, el acto terminó como empezó. Un ramo de flores para Josep Sala, como si fuera una miss, el único que sabe de qué habla cuando habla de San Marcos. De verdad estaba allí merecía estar allí.

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