domingo 22/5/22

Una violación jaleada

No escribo esta columna para hacer escarnio. Creo, de verdad, que los jóvenes que la protagonizan son víctimas de una sociedad que no sabe cómo acabar con unos roles machistas que creíamos haber superado y que, sin embargo, se fortalecen con la llegada de las nuevas generaciones. Dicen que la razón es la pornografía, que muestra como normales comportamientos sexuales de sumisión y sadismo. Otros consideran que la ola cultural que llega de Hispanoamérica podría estar detrás de estos nuevos ‘usos’ culturales con los que los adolescentes —casi niños— se relacionan. Los hay que creen que la nueva psique creada por las redes sociales, que generan un modelo de relación tóxico y superficial, está detrás de los problemas de socialización.

No soy experta, pero tengo dos hijos, dos niños que en poco tiempo pasarán a formar parte de esta nueva marea social marcada por la ausencia de valores y el desprecio a la mujer.

Fue en el cine. Se proyectaba El último duelo, la película de Ridley Scott cuya trama se desarrolla alrededor de un caso real de violación en la Francia desolada tras la guerra de los Cien Años. De repente, una parte de la audiencia comenzó a aplaudir la escena de violencia machista que sufre la protagonista.

Lo de menos es el quién, el quiénes eran. Lo que importa es el por qué, qué razón lleva a un grupo de estudiantes de instituto a disfrutar de un delito, a jalear el terror de una mujer violentada, sometida, golpeada y cosificada. ¿Qué distancia hay, entonces entre el siglo XIV y el XXI? ¿Hemos evolucionado o, como decía Steinbeck, la mujer sigue siendo la esclava de los esclavos?

Me gustaría saber qué mecanismo mental llevó a todos esos chicos a comportarse de esa manera, si hubo alguno de ellos que se calló, si sintió vergüenza y, aún así, obligado por la fuerza del grupo, siguió el juego. ¿Quién fue el primero que silbó? ¿Cuál de ellos lanzó el primer petardo? ¿Se sintieron culpables tras su actuación o a día de hoy aún creen que hicieron lo correcto?

Hay algo que no funciona en esta nueva sociedad que cada día construimos para que algo como esto haya podido pasar. Y lo malo es que ninguno de nosotros estamos a salvo de que nos ocurra.

Una violación jaleada
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