domingo. 03.07.2022

Editorial | El innegable éxito para conservar el oso debe incluir un marco estable

Parece fuera de toda duda el logro conseguido en relativamente poco tiempo para invertir la tendencia a la extinción que afrontaba el oso pardo en la Cordillera Cantábrica. Hoy una treintena de osas con crías están localizadas en los montes de León, Palencia, Asturias o Cantabria. Incluso han extendido su presencia a territorios que se daban por perdidos y donde se han producido avistamientos de ejemplares o recogida de restos y evidencias de su presencia. El oso ha vivido una transformación enorme, hasta el punto de pasar de ser un enemigo al que había que eliminar por sus perjuicios a convertirse en un motor económico por su capacidad para atraer turismo. La Fundación Oso Pardo (FOP) calcula que un 40% de los negocios de las zonas oseras dependen en estos momentos de su capacidad de atracción de visitantes y que es el promotor del 7% de sus puestos de trabajo.

Pero también existe un problema de convivencia con el hombre que ha vuelto a la actualidad. Como ocurre con el lobo, cuando existe una proliferación de animales en los montes se amplían los daños, especialmente en sectores como la ganadería. A medida que se incrementan los osos también se hace más evidente que ‘bajan’ a los pueblos. Probablemente, como asegura el alcalde de Villablino, no con tanta frecuencia como hacen pensar las redes sociales pero lo cierto es que las cosas están cambiando y hoy debe reformularse las cosas. Parecen entendibles y compartidas las demandas para que se agilicen las compensaciones cuando el oso genera daños a habitantes del mundo rural.

Editorial | El innegable éxito para conservar el oso debe incluir un marco estable