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El joven y aguerrido vicepresidente USA David Vance. se ha estrenado con éxito, o al menos con estruendo mediático (y político) en la reciente cumbre celebrada hace pocos días en Munich, la capital bávara. Ha sacado los colores a una Europa que camina irremediablemente hacia una posición de derrota y de pérdida de poder tanto político como económico. Vance es un impetuoso político nacido en las turbulentas aguas de la política norteamericana más reciente, es decir a partir de la primera elección de Trump hace ocho años como 45º Presidente de los EE UU. Pero Vance no es un arribista ni un mediocre. A sus 40 años ofrece un perfil y un curriculum, no sólo en el campo de la política, que para sí quisieran la inmensa mayoría de nuestros políticos, mayormente los que se sientan tanto en el Consejo de Ministros como en los escaños del Congreso y Senado, donde impera y campea el arribismo, la mediocridad y el sectarismo de partido a partes iguales.

Trump apareció en la reciente campaña electoral con unos modales y formas, incluida su temática gubernamental, que hacían presagiar que el magnate había dulcificado sus formas de hacer y pensar a lo largo de estos cuatro años en que el abuelito Biden ha ocupado el Despacho Oval. Personalmente creí que se avecinaba otra etapa con más claridad y más prometedora que la finalizada por su antecesor, que fue en muchos aspectos un verdadero desastre. El aparente éxito alcanzado en Gaza con el parón momentáneo de la guerra y las promesas de acabar igualmente con la sangría en Ucrania, le dieron, en un primer momento una dosis de credibilidad y esperanza notables. Sin embargo, la alegría (como en casa del pobre) duró muy poco. Sentado tras la magnífica mesa de caoba del despacho por excelencia, enarboló el macrorrotulador negro (probablemente de tinta china) y la fiera que lleva dentro este excéntrico personaje explotó de lleno. Lo de Gaza ha sido en parte un bluff y ahora este elemento quiere convertir la tierra que los palestinos llevan ocupando 2000 años, en un resort o una especie de Punta Cana entre el mar Muerto y el Mediterráneo. Y la solución óptima para llevar a cabo esta demencial ocurrencia es echar a los moradores de estas tierras (dos millones y medio largo). Y repartirlos a la buena de Dios por medio mundo, incluida Europa. Juntando las manos y pensando en positivo, creemos que ha sido una calentura de un personaje excéntrico por naturaleza, pero no hay motivos certeros para pensar que el reciente presidente no intente llevar a término su alocada idea. Excéntrico y canalla no es sinónimo de botarate o alocado. Trump es en gran parte un sujeto despreciable, por alguna de sus ideas, sus modos, modales y particular forma de hacer política y tratar a correligionarios, ayudantes, correveidiles etc. etc. como a verdaderos siervos. Él es poderoso (y se lo cree a pies juntillas). Y además en esta embestida electoral ha obtenido (a pesar de los pronósticos en su contra) un resultado cuasiarrollador que lo coloca en el pináculo de la gloria y del poder; esto es indiscutible, por eso sus bravatas o sus calenturas momentáneas no hay que echarlas ni mucho menos en saco roto Si con lo de Gaza no teníamos bastante, ha lanzado como Adelantado Mayor de las Indias (rememorando los tiempos de los Reyes Católicos) a un David Vance, que se ha presentado en la cumbre de Munich con la espada desenvainada desafiando y afeando a todos los líderes europeos allí reunidos, que lo observaban entre la incredulidad, el asombro y la cólera mal contenida, pero en definitiva sin rechistar. Incluso figuras de relieve con el secretario general de la Otan Mark Rutte, ex primer ministro holandés, le ha seguido el juego en alguna medida. Si nos ceñimos a la más pura objetividad, la reprimenda de Vance y la decisión de Trump de acabar el conflicto de Ucrania a su manera particular, no están exentas de cierta legitimidad en cuanto a la forma de establecer cánones de política práctica. Europa lleva más de 20 años haciendo literalmente el canelo, y empleo la expresión coloquial porque es la que expresa con mayor exactitud y certeza la forma y manera en que Europa ha sido gobernada, tanto por sus mandatarios directos, como por todos los decretos emanados de los despachos de Bruselas ocupados por una pléyade de burócratas que ocasionan un tremendo y abultadísimo gasto a las arcas de todos los países integrantes de la Unión. Dentro del capítulo se incluye las monstruosa nómina de los 720 eurodiputados que componen el Parlamento. Este ejemplo y otros muchos más conforman una pirámide de derroche innecesario con resultados en cuanto a eficacia muy poco reseñables. La Conferencia de Munich ha puesto sobre la mesa un hecho insólito y que cambia las reglas del juego entre Europa y su siempre aliado americano, algo que se ha mantenido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Trump ha entrado como elefante en cacharrería y ha derribado todas las fichas del tablero. Nadie puede establecer certezas de comportamiento de la política internacional a corto plazo y cada hora se suceden nuevas noticias. Parece que China va a participar en las estrategias que van a establecer en breve (posiblemente en la cumbre de Arabia Saudita) Putin y Trump. Zelenski no va a estar presente en las deliberaciones sobre el porvenir de su pais; Europa tampoco. Se supone que la Otan no va a ser invitada. En cierta medida es el mundo al revés. Puestas así las cosas, y al margen de la guerra comercial que está ya en ciernes, queda por saber la última ocurrencia de Trump, el pulso de confrontación de Europa ante su antes amigo, la salida de pata de banco de Putin, o la respuesta que haga Zelenski, un tipo poco dado a quedarse cruzado de brazos. Mientras, en Oriente Medio las ocurrencias extravagantes de Trump sobre Gaza, secundadas por Netanyahu, pueden ser la última chispa en el polvorín de oriente Medio. Europa va perdiendo paulatinamente peso político, y en cuanto al capítulo de defensa y posiblemente la creación de un ejército conjunto de los 27, va a suponer que todos los integrantes de la Unión tendrán que ponerse definitivamente las pilas y afrontar una cruda realidad. Dentro de este complejo escenario, la emigración supone asimismo un eje central sobre el que también va a girar toda la política europea. Los mandatarios, incluido el primer ministro británico, tienen tarea que excluye el aburrimiento.

Trump ha derribado todas las fichas del tablero. Nadie puede establecer certezas de comportamiento de la política internacional a corto plazo