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En una sociedad tan tensionada como la occidental del siglo XXI, con tantas personas sumidas en conflictos graves o con patologías mentales de diversa índole, se hace más imprescindible cada día que pasa un servicio que realiza una labor clave que no siempre se pone en valor lo suficiente. El Teléfono de la Esperanza está siempre ahí, para abrir una puerta hacia el futuro a quienes lo necesitan. En estos tiempos en los que se extiende la soledad como una gran pandemia que puede empujar a la desesperanza, hace falta alguien que escuche. Que ayude a poner las cosas en su sitio, que facilite un plan B a los que sienten que las cosas se complican asfixiando las opciones. Sus datos prueban la necesidad de esa labor y también la eficacia con la que actúan. Las 24 horas, los 365 días del año.