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El campo alzó hace poco más de un año la voz para denunciar su situación. Presionado por unas normas cada vez más exigentes y complejas. Sobrepasado por una burocracia que complica cualquier asunto. Y con un olvido, por parte de las instituciones, que no les facilitan a los agricultores y ganaderos una asistencia que se hace imprescindible para que puedan permanecer en activo. El caso denunciado ahora en Laciana resume un poco esto. Se acaba de aprobar una normativa que incrementa los requisitos de los productores, con la necesidad de haber realizado un curso de bienertar animal, bioseguridad y sanidad. Pero, más allá de lo que consideran una pérdida de tiempo, llega un conflicto añadido. No se ha facilitado en un año el profesional veterinario que debe impartir esa formación.