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El terrible conflicto generado en todo tipo de órdenes por la oleada de incendios forestales mostró su peor cara en las Cortes. Ayer se elevó incluso aún más si cabe la temperatura de una pugna política que resulta tan vergonzosa como improductiva. Armados con los argumentarios que han reiterado en todo tipo de foros estos días, los grupos acudieron al Parlamento sin afán de colaborar a la formación de una respuesta constructiva. Anteponiendo sus intereses partidistas, que se disparan hasta niveles extremos cuando ya se aventura una fecha para la proxima cita electoral.

El presidente Alfonso Fernández Mañueco expuso las líneas de actuación con las que el ejecutivo intenta dar respuesta a lo ocurrido. Un reto que no será fácil y en el que no sería malo contar con un mínimo deseo de consenso. Pero lo único que recibió fueron improperios y mensajes diseñados desde el populismo y el tacticismo, obviando que en las calles hay miles de afectados aguardando soluciones y con un monte que ha sufrido una catástrofe sin precedentes que debería empujar a repensar las cosas.

El debate, lamentablemente, fue totalmente inútil y dio la razón a esa parte creciente de la sociedad que opina que los políticos no piensan en ellos.