EDITORIAL

Un país ‘sin timón’ que daña a un Noroeste sin margen de espera

Ahora, cuando tanto se habla de igualdad, en el ámbito territorial se agrava la grieta

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La situación que padece España, con un Gobierno atrapado entre los escándalos de corrupción y los chantajes de esos pequeños partidos dotados de excesivo poder, centró el inicio del mano a mano de los presidentes autonómicos en el Foro Ancares. La expresión «no hay nadie al timón» resume bien un problema que daña, quizá de manera irremediable a territorios como Castilla y León y Galicia que aguardan inversiones, nuevas infraestructuras e impulsos reales y efectivos para promover su desarrollo. Alfonso Fernández Mañueco y Alfonso Rueda, reunidos por el Diario de León y El Progreso de Lugo, en esta ciudad gallega, coincidieron en lamentar que las reivindaciones se mantienen en el tiempo sin que lleguen las respuestas deseadas y necesarias. «Si no presionamos unidos seguirán las cosas importantes más tiempo pendientes», destacaron ambos mandatarios. En un clima de sosiego, ese que tanto se echa en falta en la política, aprovecharon para desgranar ese listado de demandas, pero también atendiendo a las fortalezas que facilitan posibilidades que deberían ser aprovechadas. Probablemente todo esto hace más imprescindibles si cabe los espacios de análisis como el Foro Ancares, para facilitar a la sociedad una oportunidad de percibir un análisis objetivo, sincero, con la presencia de expertos que conformaron una foto fija muy detallada sobre esa realidad que comparten ambas vertientes del alto del Cebrero.

Ahora, cuando tanto se habla de igualdad, en el ámbito territorial se está agravando una grieta cada vez más ancha entre los territorios con un buen nivel de desarrollo, que muestran una voracidad desmedida en sus exigencias, y otros que se ven privados incluso de unos niveles básicos de financiación para atender a sus poblaciones, mucho más dispersas. El conflicto es claro y requiere una implicación de todos los partidos con implantación nacional, para frenar esa desigualdad que genera cada día que pasa una España desestructurada e invertebrada, que expulsa literalmente a los habitantes de unos espacios cada vez más envejecidos.