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La firma del acuerdo entre la Unión Europea y el bloque Mercosur se presenta en los despachos de Bruselas como un triunfo en un contexto internacional marcado por la guerra comercial emprendida por Estados Unidos y por la cada vez mayor dependencia de China. Sin embargo, el panorama no es tan optimista si se mira desde los ojos de los agricultores y ganaderos de León, que han acogido el pacto con una mezcla de indignación y desamparo ante la evidencia de que, una vez más, el sector primario es el sacrificado en el altar de otros intereses con más poder, como la industria automovilística y las exportaciones industriales. Aunque el acuerdo se ha sellado en medio de movilizaciones generalizadas del sector en toda Europa y también en España, poco queda por hacer ante un movimiento estratégico que trasciende la voluntad política más cercana, como la de la propia Junta de Castilla y León, que ha expuesto publicamente su postura en contra del pacto y se ha alineado con los agricultores. En juego está la soberanía alimentaria de España, una cuestión de supervivencia para el mundo rural ante la apertura del mercado a unos productos que compiten con ventaja. Por eso, este mes volverán los tractores a las calles de León, para exigir una reciprocidad estricta con las mismas reglas.