Tragedia ferroviaria, otro reto para España
Dejando aparte los memes, de mayor o menos gusto, que pueblan internet por la sucesión de catástrofes en España, lo cierto es que la tragedia ferroviaria de Córdoba exige, entre otras cosas, un nuevo enfoque. Conocido es el guion de las promesas de que se investigará y de que no se volverá a repetir. Pero la realidad exhibe que casi un año después seguimos sin saber qué paso con el apagón, las riadas han vuelto al no hacerse las obras necesarias, y se suceden los intentos por usar todo para arañar votos. El accidente de Adamuz supone una oportunidad para hacer las cosas de otra manera. Pero el clima político no invita al optimismo. Con lo visto en los últimos tiempos no sería extraño escuchar a alguien un ‘Óscar Puente, asesino’, quizá animado por el hecho de que el máximo responsable de Transporte incluya en su currículum una buena dosis de filibusterismo, de maniqueismo, cuando no de matonismo a través de sus redes sociales. Es clave que todos los esfuerzos se centren en atender a las víctimas, en hacer justicia de manera diligente y lograr una investigación real de lo ocurrido para aclarlo y prevenir futuros fallos. Eso pasa por escuchar a los que saben, que llevan tiempo alertando del deterioro del servicio ferroviario y de sus infraestructuras.