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Hace años se consideró un logro importante para las ciudades acabar con los aparcamientos de camiones en sus calles y solares. Se obligó a los transportistas a estacionarlos en lugares adecuados, evitando molestias para los vecinos e incluso complicaciones para el tráfico en viales que no tenían suficiente anchura. Pero ese sacrificio de los transportistas exige, de algún modo, una contraprestación en forma de garantías para sus propiedades y las cargas, en ocasiones muy valiosas, que tienen en sus vehículos. El hartazgo por la falta de seguridad que presenta el aparcamiento de la zona del Mercado de Ganados de León se ha disparado en los últimos tiempos por la acumulación de incidentes graves. No parece razonable que se dejen propiedades de valor, como son los propios vehículos o sus cargas, sin unas garantías. Las instalaciones ni siquiera ofrecen un sistema de alumbrado público como sería exigible para intentar frenar los ataques que sufren. El Ayuntamiento de León resulta evidente que incurre en una grave dejación de funciones hacia sus vecinos que son profesionales del transporte, pero también genera un perjuicio económico a las empresas locales que se ven afectadas por los ataques, al complicarse sus compromisos con los clientes.