Cultural, hora de rendir cuentas
La Cultural agotó ayer todo su crédito. Y el equipo directivo, también. Los gritos de la hinchada culturalista en los últimos partidos sellan la profunda decepción no sólo de los aficionados —sufridos, pacientes, tan acostumbrados a las derrotas pero siempre fieles a su equipo— también de la ciudad entera. León ha perdido, de nuevo, una gran oportunidad deportiva y económica. A nadie se le escapa los beneficios de estar en Segunda División. La competición asegura una amplia presencia en medios y plataformas, permite exportar la marca de la ciudad y atrae turismo y visitantes de otras provincias que genera un impacto directo e indiscutible en bares, restaurantes, hoteles y comercios. Un club funciona además como un punto neurálgico social como seña de identidad. Todo esto se ha desperdiciado. A cambio, la afición ha recibido excusas incomprensibles de la directiva, ningún análisis de lo que sucedía en el vestuario y en el campo, cambio de entrenadores que no han dado resultado, quebranto financiero y exigencias desorbitadas e injustificadas dada la situación del club por parte de su presidenta, Natichu Alvarado, a mitad de camino entre un intento frustrado de despejar balones. Ya no hay excusas. Una mala gestión deportiva y económica exige una inmediata explicación. Y medidas.