Una regularización temeraria y desbordada
El Gobierno de España ha cerrado la ventanilla de su proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes con un resultado que confirma los peores augurios: la improvisación ha vuelto a marcar una de las decisiones de política migratoria más relevantes de los últimos años. En León, las solicitudes alcanzaron las 5.830, exactamente el doble de las 2.900 previstas inicialmente, cifras que ponen de manifiesto la existencia de una amplia bolsa de economía sumergida, pero también la incapacidad del Ejecutivo para calibrar el alcance real de su medida. El balance cuantitativo es innegable. El cualitativo, en cambio, deja muchas dudas. Regularizar no es solo contar solicitudes; es integrar de forma sostenible, con empleo real, control administrativo y coherencia.