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En la provincia de León, y en general en España, existe un prolongado debate sobre la existencia de embalses en los ríos. Es innegable que generan problemas claros en forma de alteraciones —incrementando por ejemplo las nieblas y heladas— y también que se produjeron algunos excesos promoviendo pantanos de grandes dimensiones en lugares que quizás debieron protegerse mejor, como el emblemático valle de Riaño. Pero también es cierto que esas balsas de agua facilitan hoy una estabilidad en las cauces que se echan en falta en los ríos que no están regulados. La campaña de riego está garantizada e incluso se pide celeridad en los desembalses para garantizar los cultivos. La situación es radicalmente distinta en las cuencas fluviales que se ven asediadas por la sequía.