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El Mercado del Conde Luna languidece desde hace demasiados años sin que se haya actuado con la audacia y celeridad que serían exigibles para mantener con vida un lugar emblemático del casco antiguo de la ciudad. Y también, en otra exigencia compartida por todos, para justificar y hacer eficaz la importante inversión de dinero público que se ha puesto en marcha en un recinto que apenas tiene actividad en estos momentos. Ahora, con dos años de retraso, el Ayuntamiento licita los puestos con un total de 18 módulos disponibles en un mercado en el que sólo permanecen activos en estos momentos ocho puestos. Una grave situación de precariedad que debería ser solventada, pero sobre la que son lógicas las dudas que se plantean. Las tendencias, sobre todo si se prolongan demasiado en el tiempo, es difícil invertirlas. Y el Mercado del Conde Luna lleva demasiados meses viviendo en precario, sin un proyecto claro de futuro, y sin la posibilidad de atraer a los vecinos, e incluso a los visitantes, para facilitar un nivel de actividad económica que anime a nuevas personas a interesarse por usar sus instalaciones para más negocios. Cuando los problemas se enquistan el paso del tiempo no ayuda a paliarlos. En el Mercado del Conde sólo cabe una prudente esperanza.