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Entre todas las promesas políticas que se han estrellado en León contra la dura realidad del olvido, una de las más dañinas es la que genera la pervivencia del peaje de la autopista León-Astorga. La AP-71 es el eje fundamental de comunicación interna dentro de las principales ciudades de la provincia y de sus comarcas más pobladas, y también forma parte del trazado que permite el acceso desde el noroeste hacia el norte y este, e incluso hacia el conjunto de Europa.

Pagar un peaje, y además bastante caro, es un lastre y una barrera para el desarrollo de toda la zona afectada. Durante años se han escuchado promesas sobre su final desde distintos partidos políticos, pero lo cierto es que ahí sigue esa terrible injusticia que tanto perjuicio ocasiona. Incluso acabó en el fondo de un cajón la iniciativa lanzada desde la Junta, para promover su uso por parte de los camiones con un descuento, cuando Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2008.

Ayer, el Foro del Manzanal puso el acento en los déficits de infraestructuras que sufre toda esta zona. Con especial incidencia en esa AP-71 que supone una barrera para conquistar un futuro mejor. Y que castiga directamente a los vecinos de los pueblos del trazado de la nacional con un tráfico pesado que sigue incremetándose.