miércoles 25/5/22

Miré por la ventana

El pasado sábado, miré por la ventana y temí por el cocido prenavideño al que estábamos convocados la familia, la de aquí y la de todos los allá. Nevaba y nevaba. ¿Cómo iban a llegar los de fuera? Vaticiné en casa: »Adiós, garbanzos. Adiós, chorizo. Adiós, berza…» Al cielo parecía que no iba a terminársele nunca la nieve. Pero, finalmente, salió el sol. Y pudimos reencontrarnos en la garbanzada. Por supuesto, con mascarilla y distancia social, entre otras muestras de sentido común. Juntos, pero no revueltos. La comida fue un homenaje a César Roa, quien ha cumplido los ochenta. Podría escribir cien columnas sobre él y todavía me quedaría un afecto por plasmar. En la Diputación aún se recuerda con admiración su trabajo. Machín tenía razón cuando se preguntaba «¿Cómo se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco?». En cambio, el amor por la familia no tiene restricciones numéricas, saltando de rama en rama puedes quererlos a todos y todavía quedarte para los que se vayan incorporando. Recelo de los clanes, pero creo que donde hay un corazón familiar, que no late solo para sí mismo, aún queda esperanza. Fue el primer reencuentro gastronómico en mucho tiempo. Me gusta sentir que el sobrino del sobrino del sobrino también es sobrino mío, aunque me pierda en los nombres. A los postres pedí la palabra y anuncié que iba a leerles mi ensayo en hexámetros dactílicos, «El cocido madrileño fue antes», pero advertí que alguien me clavaba repetidas veces en la pierna un tenedor, lo que interpreté —tampoco hay que saber morse— que quizá era mejor dejarlo para la próxima. En efecto, ah y ay, la familia.

En la comida pedí al sector madrileño novedades sobre la invasión de cotorras. Y de cotorros, claro. Al cielo de Madrid le han salido alas. Esta especie ha convertido nubes y árboles en un gran picadero, qué manera de reproducirse. Pero mejor vivir un remake de Los pájaros que de Psicosis. Y nos quejamos los leoneses de nuestros estorninos.

El sábado nevaba y nevaba. Pero, finalmente, salió el sol y hubo cocido familiar. Vendrán más nieves, pero el sol seguirá saliendo. Vendrán otros fríos y el calor familiar continuará siendo la lumbre que no se apaga, en este tiempo oscuro e inquietante.

Miré por la ventana
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